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Tribuna libre

Rajoy se lo cree y se atreve

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Quienes insisten en poner en duda las capacidades de Mariano Rajoy como líder, y por tanto sus condiciones para conquistar un día la presidencia del Gobierno, suelen decir que al líder del PP no tiene “instinto asesino”.

Afirman que en política, al menos a esos niveles y con tan altas aspiraciones, “hay que matar” (figuradamente, por supuesto). Para añadir que, al hoy presidente del Partido Popular, y aspirante a La Moncloa, le falta tan necesarios requisitos. A eso achacan sus principales problemas: la dificultad para visualizar que es una alternativa fiable y clara frente a Zapatero, pero, sobre todo, sus dificultades para controlar un partido que tantas veces se convierte en un guirigay, cuando no en corral de peleas de gallos.

Y, sin embargo, frente a las carencias de Rajoy, que por supuesto las tiene y no pocas, lo cierto es que el líder de la oposición “está ahí”. Sigue vivo y operativo, a pesar de las tormentas que han azotado al partido, la última, devastadora, la corrupción urbanística; pero también graves enganches entre líderes del porte de Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón. Ha aguantado, y su táctica, aparentemente dilatoria a la hora de afrontar problemas, le ha salido bien. Hasta ahora.

Eufórico con las encuestas

No sólo ha demostrado que es un superviviente nato. Es que, por lo visto, ahora el presidente del PP “ya se lo cree”. Se cree, de verdad, que puede ganar las próximas elecciones. Cuentan de dentro del partido, por ejemplo, que Rajoy se muestra “eufórico” con las encuestas. Y no es para menos, porque le empiezan a situar a 5 y 6 puntos de Zapatero, una distancia que, márgenes de error de sondeo aparte, comienza a ser relevante. Cada semana asiste a una repetición de estudios en los que, uno tras otro, se confirma que la intención de voto crece y crece.

Uno de sus motivos de satisfacción es la posición del partido en el País Vasco, donde, como repiten siempre que pueden, son relevantes, porque sostienen el gobierno de Patxi López. Y, de momento, con nulo provecho concreto para el PP, todo hay que decirlo (también para reconocer una evidente generosidad política). Porque ni siquiera han recuperado Álava. Pero se trata de una inversión, una apuesta de medio y largo plazo.

Más aún le place el proceso que se está viviendo en Cataluña, donde la nueva línea impuesta por Alicia Sánchez Camacho, y su propio liderazgo regional, viene provocando una auténtica “resurrección” del partido en aquella difícil circunscripción. Han roto el “cinturón sanitario” que los demás habían levantado alrededor del PP, han dejado de parece apestados, tienen ya interlocución social y, lo que consideran más importante, podrían repetir en la Generalitat lo que ha ocurrido en Ajuria Enea: convertirse en la clave de la próxima mayoría, en este caso para Convergencia y Unió, que por eso protagoniza ya significativos y discretos acercamientos.

Contraprogramar a Zapatero

Situado en esa nueva perspectiva, además de creérselo, el líder del PP para que empieza a “atreverse”. Es decir, a adoptar posiciones y actitudes más agresivas respecto a sus oponentes, pero en concreto con el rival por antonomasia, Rodríguez Zapatero.

Dos iniciativas de esta semana parecen caminar en esa dirección. La primera, la visita a un comedor social, donde, ataviado con mandil y gorro de cocinero de alta escuela, trabajó en la elaboración de un caldo gallego y luego ayudó en el reparto de la comida. Un gesto con cierto peligro, porque iba a arrostrar la acusación de “oportunismo”, pero que afrontó sin pestañear, y que se ha demostrado que constituyó un acierto: basta observar el enfado que produjo en las filas del socialismo y en los medios de comunicación afines. Cuando el rival se encocora, hay que concluir que uno ha dado en la diana.

La otra puesta en escena fue la decisión de “contraprogramar”, a las claras, al presidente del Gobierno. El día 30, Zapatero convocó en La Moncloa una conferencia de prensa para ofrecer el resumen del año político. Pues bien, lo mismo hizo Mariano Rajoy, citando sin complejos a los informadores para algo parecido. Con lo que, al día siguiente, ambos a dos (y no solamente Zapatero) protagonizaron las portadas. A eso se llama, creo, dar la cara en el terreno del otro.

¿Todo esto quiere decir que Rajoy ganará las elecciones? Eso es ya mucho decir. Falta demasiado para la próxima cita con las urnas. Cierto es que la situación económica castiga durísimamente al Gobierno y a su presidente, que se encuentra en las horas más bajas de toda su trayectoria. Pero, ¿durará la crisis hasta 2010? ¿Los españoles mantendrán entonces el rechazo que ahora muestran? Ahí estarán las claves del resultado electoral. Pero al menos el candidato parece estar haciendo su trabajo.

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