Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Realismo y unidad en tiempos difíciles

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En los paseos ribagorzanos de esta Semana Santa, un joven amigo me recuerda que los que ya pasamos de los cuarenta -je, je- parece que sólo sepamos "ir a nuestra bola".

La benévola atención a esta columna no puede quedar sin un sentido agradecimiento. Y mira que le he dado vueltas a qué importa más en estos momentos. Pues, en prenda les dejo la idea, que puede dar mucho fruto en su difusión: unidad y realismo ante la adversidad. Y adversidades estamos pasando todos. ¡Pero el ser realistas cuando no se está a pie de calle, qué difícil es!

En los paseos ribagorzanos de esta Semana Santa, un joven amigo me recuerda que los que ya pasamos de los cuarenta -je, je- parece que sólo sepamos "ir a nuestra bola": en las familias, en las empresas, en los centros educativos, en las redes sociales, televisiones, radios... y en la batalla política. Alfonso me ayuda a abrir horizontes y a limar prejuicios y exigir coherencia, ¡a todos!

Así, me ayuda a constatar que frente a las medidas de ajustes gubernamentales que intentan esponjar el erial de nuestra economía, algunos lumbreras se oponen porque buscan un realismo que analiza únicamente los hechos que creen manejar, controlar. Hay una masa de hechos pequeños, muchos de corto recorrido, con que los medios de comunicación nos bombardean y reclaman nuestro juicio inmediato, pero eso no es ser realista. Incluso hay quien mira-twittea-facebooquea con desdén a los demás por no saber al dedillo sobre la multitud de datos que, en caótica argamasa, ellos interpretan como el substrato fetén de cualquier realidad.

Pues no amigos, de eso nada. La cruda realidad es cruda, pero no seremos impotentes ante ella, siempre que nos encuentre unidos. Y nunca dará un balance negativo en su totalidad. Eso es precisamente lo que nos falta: tener, en la medida de nuestras energías, una visión de conjunto de la realidad y de las posibilidades; una pasión por construir y arrimar el hombro que aparte sin contemplaciones egoísmos y oportunismos.

Y alguien nos dirá que hay personas objetivamente perversas. Evidentemente, pero son muchas más las que se esfuerzan por hacer lo mejor, que son razonablemente buenas, aunque seguramente imperfectas. Pero, ¿hay alguien perfecto?

En este sentido, hay un proyecto permanente que necesitamos recordarnos todos, que necesitamos defendernos unos a otros para no quemarlo en la primera estratagema política que se tercie: la libertad; con la lealtad y honradez de defender la de los demás como la nuestra propia.

Grave error sería querer cosechar éxitos aplazando problemas en vez de luchar por resolverlos, incluso cuando esa decisión comporte incomprensiones. No podemos ver la realidad pasando por alto el bien común. No podemos poner el modelo de una sociedad democrática avanzada en el cínico realismo de "El Príncipe" de Maquiavelo, que busca manipular a las gentes en vez de servirlas en toda su dignidad.

Con vista de lince, Julián Marías recordaba en una conferencia que la frase que más repite Cervantes en sus obras es "tú mismo te has forjado tu ventura". ¡Sí!, valor, coraje, pundonor, díganlo como deseen, pero eso es lo que hará que todo lo bueno que tenemos en nuestro país, se ponga a funcionar de una vez por todas. Y, tomándole el pulso a la vida, absorbamos la realidad como nadie, para después narrarla sin medias tintas. Para elevarla partiendo de una base sólida , incluso cimentada con un sacrificio que posiblemente nunca será suficientemente correspondido.

Creo que sería un atraso convertir la suspicacia o la envidia en motor de superación personal. No debemos interesarnos sólo por nuestros derechos, sino desvivirnos a diario por los derechos de los demás. Así, restablecer la confianza pasará por poner realismo, respeto e imaginación en estos tiempos difíciles; no olvidemos que la fuerza de un Estado proviene de la solidaria vitalidad de los hombres y mujeres que lo forman. Valdrá la pena el esfuerzo. ¿O acaso es diferente de lo que hicieron nuestros padres?

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