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Tribuna libre

Respetar la religión

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El dolor y la rabia son malos consejeros, dificultan el sano juicio y la reflexión serena. Más todavía cuando se trata de asesinatos.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Los 12 asesinatos cometidos por yihadistas contra el personal de la revista francesa “Charlie Hebdo” no tienen ninguna justificación, son totalmente rechazables. Sin embargo, en el mundo periodístico y en la sociedad urge reflexionar sobre los límites de la libertad de expresión y el respeto a la religión.

            Da la impresión de que se ha entronizado un derecho como "rey" - el de la libre expresión - y los demás derechos hayan quedado relegados cuando no incluso despreciados, como es el caso del derecho a la libertad religiosa y el deber de respetar la religión. Apenas acaparan la atención mundial los múltiples asesinatos de católicos en diversos países del mundo por sus creencias religiosas, que pueden permitir hablar de una extendida cristianofobia, más violenta y extensa de lo que reflejan los medios de comunicación.

 El Papa ha condenado esos asesinatos y cuantos se cometen amparándose en la religión, a la vez que ha pedido respeto a la religión. Sin embargo, David Cameron, primer ministro británico, ha replicado que en una sociedad libre se puede ofender a la religión: esta postura merece también el rechazo, desde luego el mío en voz alta y por escrito.

Por un lado, la mayoría de los dirigentes musulmanes asegura y condena la violencia en nombre del Islam, pero se dan cuenta de que la situación actual de violencia requiere una cierta reforma del Islam y una revolución religiosa.

Por otro lado, la libertad de expresión tiene límites, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos así lo ha declarado en varias sentencias: que no es absoluto.

            El derecho a la libertad de expresión no es ilimitado, porque ha de respetar la veracidad, el respeto al honor y a las creencias religiosas. Sin embargo, en la cultura europea – y España no se libra – se tiende a dar licencia total a la falta de respeto, incluida la blasfemia, y eso constituye un peligroso amparo,  que las redes sociales están multiplicando, y supone una quiebra de gran magnitud para una sociedad democrática y, por tanto, respetuosa.

            Algún periodista de “Charlie Hebdo” ha defendido un supuesto “derecho a blasfemar”, y es un derecho inexistente y altamente peligroso. Incluso está tipificado  en nuestro Código Penal, en el artículo 525, que castiga los insultos y agravios públicos con ánimo de escarnecer a los creyentes, incluyendo la befa, la burla tenaz contra una religión con el propósito de de afrentar públicamente. Y en el artículo 510 se castiga a “quienes provocaren a la discriminación, al odio o a la violencia contra grupos  o asociaciones, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias…”. En este artículo cabe incluir los discursos racistas, islamófobos, cristianófobos, homófobos, antisemitas, etc., que buscan promover la discriminación y la violencia contra ciertos grupos, porque son discursos que van contra derechos personales y contra el interés común, que es el orden público.

            Por desgracia, estos asesinatos ponen en evidencia que hay pendiente un debate ético en el periodismo de gran calado. Una cosa son las críticas, que pueden favorecer la propia religión, y lo mismo cabe decir sobre chistes o bromas, que hasta pueden ser graciosos, aunque también pueden ser groseros o chabacanos. En cuanto a la blasfemia, éticamente es una ofensa moral, así como los insultos o agravios, aunque jurídicamente no tenga consecuencias. “Charlie Hebdo” debe reflexionar y cambiar.

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