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El Rey y los republicanos

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Salvo los consabidos tópicos de la herencia, de los privilegios, de los gastos suntuarios y el airear los errores personales o familiares, los argumentos de los republicanos, además de escasitos, no resisten la realidad de las actuaciones de un Rey.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Desde hace unas semanas la monarquía está de actualidad.

Los ochenta años de Don Juan Carlos fueron la ocasión para que, lejos de reproches y de censuras, prevaleciera la trayectoria de un Rey que -por mucho que se quiera sepultar en gritos callejeros o envolver en banderas tricolores- ha sido el gran motor de las libertades y de la democracia que ahora disfrutamos en una España que –a pesar de los ladridos- cabalga por todo el mundo.

La reciente presencia y el discurso de Don Felipe en Davos, en un foro que reúne a lo más granado de la política y de la economía mundial, han sido objeto de todo tipo de alabanzas que se han unido -sin más fisuras que las de los de siempre- a las actitudes, actuaciones y declaraciones del Rey en la cuestión catalana.

Es verdad que Don Felipe, lo mismo que su padre, son los mejores embajadores de una España que no siempre acierta a ‘venderse’ en el mundo, ni a contrarrestar las leyendas negras que parecen acompañarnos de continuo en boca de oscuros personajillos (llámense Antonio Pérez o Carlos Puigdemont) pero, constatada esa realidad, habría que poner énfasis en el republicanismo ‘a la violeta’ que pulula por nuestra vida política, bien en forma de marxismos decadentes o en partidos separatistas que, en muchos momentos, son la clara muestra del quiero y no puedo.

Salvo los consabidos tópicos de la herencia, de los privilegios, de los gastos suntuarios y el airear los errores personales o familiares, los argumentos de los republicanos, además de escasitos, no resisten la realidad de las actuaciones de un Rey.

Y cuando recurren a la historia, tampoco la trayectoria de nuestras dos repúblicas resiste la más mínima comparación con el discurrir de la monarquía a través de los siglos.

En todo caso, extraña que el republicanismo sea tan rancio y no aporte una sola idea propia en positivo y que todos los razonamientos para el advenimiento del régimen que se propone, estén basados en negar realidades.

Todo muy pobre.

Y más pobre aún a la vista de sucesos como los de Davos.

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