Lunes 20/11/2017. Actualizado 01:09h

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Tribuna libre

Rodrigo Rato mueve ficha

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Rato no para. Desde que ha consumado su conquista de Caja Madrid, se prodiga cada vez más. Detrás hay una estrategia.

Rodrigo Rato está moviendo ficha. El primer y decisivo paso era su llegada a la presidencia de Caja Madrid, pero, una vez consumado, ha empezado a actuar con la solidez y rotundidad de un pánzer.

Además de las provisiones lógicas que viene tomando en relación con la caja, en estas últimas fechas el ex vicepresidente económico y ex director gerente del FMI ha protagonizado tres sucesos públicos destacados. Una multitudinaria conferencia en Madrid, las maniobras para aupar a Isidro Fainé al frente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, y la presentación del libro de Luis de Guindos junto con José María Aznar y Mariano Rajoy.

La conferencia ofreció, como mensaje más espectacular, su afirmación de que van a desaparecer 25 de las 45 cajas de ahorro existentes, se supone que por vía de fusiones. Y trazó esta cruda radiografía del sector: sobran el 30 por ciento de las oficinas (es decir, 13.200 sucursales), descenso del negocio, caída de márgenes, estructura financiera desequilibrada, fragmentación y problemas para acceder al capital, sufren un 15 por ciento más de exposición al mercado inmobiliario que los bancos.

Así que Rodrigo Rato se ha puesto a la cabeza del movimiento de recuperación y regeneración de unas cajas de ahorros en estado calamitoso y cuyas penalidades ponen en riesgo el mismo sistema financiero español. Él está queriendo ser uno de los referentes en ese objetivo de futuro.

Reparto de territorios

Además, el presidente de Caja Madrid ha sido uno de los muñidores destacados en el proceso que ha colocado a Isidro Fainé al frente de la CECA, la patronal de las cajas, arrumbando para ello la opción inicial de Amado Franco, el presidente de Ibercaja.

Por supuesto que, detrás de ese movimiento, emerge la urgencia de proceder sin demoras a la reconversión del sector, Y que la presencia del líder de La Caixa puede garantizar que se camine hacia las fusiones de modo rápido. Pero no está de más preguntarse si, tras la entente de los presidentes de las dos cajas más importantes, existe un ‘reparto del territorio’, es decir, un acuerdo que defina las respectivas zonas de influencia exclusiva, con garantías respectivas de no interferir en la del otro.

Se da por descontado que Caja Madrid protagonizaría la fusión final de las cajas ‘populares’, las existentes en territorios donde controla el PP.

La maniobra Gómez Navarro

Sabido es que Rodrigo Rato logró la unanimidad en la votación como presidente de Caja Madrid gracias al pacto firmado con el líder socialista regional, Tomás Gómez. Tras un mal comienzo, se dio cuenta de que, o lo acordaba, o no lograría salir elegido. Y en esos vericuetos el secretario general del PSM se ha movido con cierta soltura, y ganado algunas bazas.

Una de las condiciones que puso fue el acceso de Javier Gómez Navarro al consejo de administración de Iberia. Se ha contado en la prensa que, durante una negociación en la que estaban presentes Tomás Gómez, Rato y Francisco Granados (en representación de Esperanza Aguirre), éste se negó en redondo a tal petición. Rato salió de la sala, llamó por teléfono sobre la marcha al líder socialista y le dijo que no hiciera mucho caso, porque el nombramiento de Gómez Navarro estaba hecho. Y así ha ocurrido, a espaldas, por supuesto, de la presidenta de Madrid.

Rato ha dirigido al periódico una carta, negando que se hubieran producido la ausencia y la llamada, pero el diario se ha ratificado en todos los extremos de la información.

Los tres tenores

El tercer evento estelar ha sido su asistencia a la presentación del libro de Luis de Guindos, junto con José María Aznar y Mariano Rajoy, trío que algunos han empezado a llamara “los tres tenores”. Una presencia sintomática desde el punto de vista de partido, porque Rato no estuvo en los actos de Sevilla que recordaban la nominación de Aznar, a los que sí fueron todos los que integraban aquel histórico equipo. Se excusó hablando de “compromisos previos”.

Pero sí quiso asistir al conclave con el ex presidente del Gobierno y el actual líder del PP. Y quienes estuvieron presentes vieron “complicidad” entre ellos, pero sobre todo observaron que a la militancia aquella tríada les gustaba sobremanera. Hubo muchos que incluso se emocionaron de verlos juntos. Como detalle, el momento más aplaudido fue cuando se recordó que ese día se cumplían, exactamente, quince años del atentado de ETA contra Aznar.

Faltaron a la cita personajes significados, como María Dolores de Cospedal, Ruiz Gallardón, o el equipo de Cristóbal Montoro al completo, datos que ofrecen lecturas variadas.

Reticencias dentro del PP

La evidencia de que Rodrigo Rato está moviendo ficha empieza a provocar, como no podía ser menos, reticencias dentro de su partido. No son pocos los que se preguntan a dónde quiere ir.

La argumentación tiene sentido. Un personaje con la trayectoria de Rato, portavoz parlamentario del PP, ministro y vicepresidente económico, director gerente del Fondo Monetario Internacional, consultor de entidades financieras, con una respetable fortuna personal, ¿se va a conformar ‘solo’ con ser presidente de Caja Madrid?

En esa línea, no pasan inadvertidas las distancias que viene marcando respecto de Esperanza Aguirre, y la aproximación a Rajoy, pero sobre todo a José María Aznar. Y piensan que, detrás de todo esto, hay una estrategia preconcebida y bien diseñada, que mira a otro sitio. Por ejemplo, a La Moncloa.

La lección de Nick Clegg

Nick Clegg, el líder del partido liberal democrático británico, no solamente ha salido vivo del segundo debate de candidato con Brown y Cameron, sino que ha confirmado las expectativas creadas en el primero, y se empieza a perfilar como el dirigente alternativo que muchos estaban buscando.

Lo que está ocurriendo en Gran Bretaña ha empezado a ser analizado pormenorizadamente aquí, en los cuarteles generales de los dos grandes partidos. ¿Por qué? Porque el éxito de Clegg estriba en que habla de las cosas que a la gente le inquietan de verdad, con un lenguaje cercano y fresco, que suena a nuevo, mientras que los otros dos repiten las mismas cosas de siempre, las que llevan meses proclamando, que cansan y desmovilizan.

La pregunta que se hacen en PP y PSOIE es si sus respectivos líderes no se han convertido en remedos de los gastados Brown y Cameron, con el peligro de que aquí aparezca un/una Clegg que les robe la cartera, electoralmente hablando.

Ya no quieren este Tribunal Constitucional

En vísperas del último pleno del Tribunal Constitucional, del que previsiblemente iba a salir una sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, previsiblemente benigna, en las instancias del Gobierno, y del socialismo, se remachaba que había llegado la hora de la decisión, y que el TC tenía que pronunciarse. Este TC.

Ha resultado que la propuesta elevada recibió 6 votos en contra 4 a favor, es decir, que fue derrotada, que no hay decisión, que se ha designado nuevo ponente… y ahora la visión ha cambiado. Ahora ya no quieren que este tribunal diga ni haga nada. Ahora apuestan, especialmente José Montilla, por la renovación. Eso se llama chaquetear. Resulta poco ejemplarizante que el apoyo a los órganos jurisdiccionales dependa de que me den la razón. Y no tiene mucho de juego limpio.

Menos mal que Zapatero esta vez ha sido sincero, y ha reconocido dónde está la madre del problema. Ha dicho que los ‘culpables’ de que se haya llegado a esta situación de derrumbe del TC son los políticos. Esta vez dice verdad.

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