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Tribuna libre

Rubalcaba, con el carrito del helado

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El chivatazo a ETA en el llamado “caso Faisán” está poniendo en aprietos serios a Rubalcaba. Que necesitará activar otra vez sus elevadas dotes de superviviente político.

Aparentemente ya en el final de su carrera política, cuando parecería que está de salida, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha acumulado estos días unas cuotas de protagonismo inusitadas. En algún caso, muy a su pesar.

               

De Guantánamo a La Moncloa

Lo menos importante es la cita de Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, cuando, preguntada por la identidad de los dos presos de Guantánamo que van a ser acogidos en España, ha respondido que no tiene ni idea y que había que preguntar “a Rubalcaba”.

El ministro acudió a los micrófonos de la “radio amiga”, la cadena Ser, donde Carles Francino le preguntó si era el “tapado” candidato a la Comunidad de Madrid. Parecía pertinente plantearlo, porque algunos sondeos concluyen que es el único socialista que puede vencer a Esperanza Aguirre.

Rubalcaba, no solamente lo descartó con rotundidad, sino que argumentó que, por su trayectoria y servicios, disfruta ya en su partido de una condición tal que le permite poder decir “no” a determinadas propuestas. Y tiene razón, sin duda.

Y, claro, salió el inevitable envite de si se ve como sucesor de Zapatero. También lo excluyó, diciendo que ya ha “estado en La Moncloa”, que allí lo pasó mal, y que no tiene ninguna gana de volver. Es verdad que tuvo despacho en el Complejo, pero como ministro de la Presidencia y como Portavoz, no como jefe del Gobierno. Que no es lo mismo.

De todas formas, en esto sí parece ser sincero, porque me consta que a personas de su íntima cercanía les ha sugerido, más de una vez, que a él, eso de ser presidente del Gobierno, “no le gusta”. Que nunca le ha gustado, añadía.

El “caso Faisán”

Lo que de verdad le trae por la calle de la amargura es el maldito “caso Faisán”. Ese chivatazo a miembros de ETA desde ámbitos policiales que impidió la detención del principal responsable de recaudaciones de la banda.

Van saliendo, casi cada día, datos nuevos, revelaciones, contenidos de pinchazos telefónicos, que remachan la versión de que desde el Gobierno, que en ese momento dialogaba con ETA, se frustró una importante operación de la Policía.

Se trataba de evitar que el operativo perjudicara la marcha de las negociaciones. Un episodio vergonzoso, perseguible penalmente, y que, si no asustaran tanto las palabras, hasta podría calificarse como de “alta traición”.

Cierto que, judicialmente, el “affaire” sigue atascado, merced (una vez más) a los oficios del juez Garzón. Pero no va a aguantar mucho más tiempo taponado. Acabará por estallar.

El cese de García Hidalgo

Los últimos datos publicados esta semana apuntan que el cese del entonces director de la Policía y la Guardia Civil, Víctor García Hidalgo, se decidió precisamente por su implicación en el chivatazo a ETA.

Y si, en efecto, García Hidalgo tuvo algo que ver, entonces el “caso Faisán” alcanza de lleno a Rubalcaba. Que se va a ver en dificultades serias.

Porque la lógica más elemental dice que el director de los dos cuerpos policiales, un hombre de partido, veterano socialista de máxima fidelidad, no pudo adoptar una decisión así sin contar con el titular del Interior. Así que Rubalcaba tiene problemas.

La oposición ya ha proclamado que el ministro ha mentido, porque declaró solemnemente que ninguna autoridad policial había tenido nada que ver con la llamada telefónica a ETA. Y también el presidente, que proclamó esa misma versión.

En todo esto, no hablamos de una minucia. Se trata de una acción delictuosa por parte de la autoridad, que beneficia a un grupo terrorista al permitir la fuga de un delincuente.

El Partido Popular sabe que esta vez ha hecho presa, que tiene bocado entre los dientes, y no lo va a soltar. En su opinión, este asunto puede llevarse por delante a Rubalcaba. Por lo menos

José Antonio Alonso, declaraba uno de estos días: “Cuando llegue el momento, Rubalcaba dará todas las explicaciones sobre el “caso Faisán”. Mal asunto. Con ello, el portavoz socialista en el Congreso reconocí, implícitamente, que las explicaciones dadas hasta ahora no son todas. Parece una declaración para ganar tiempo.

En fin, que al eterno superviviente, que ha salido a flote en episodios tan delicados como Filesa y la corrupción socialista, en el tenebroso asunto del Gal, de la actuación durante el 11 M, ahora, con el “caso Faisán”, le han pillado, como suele decirse, con el carrito del helado.

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