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Secretitos de estado

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Si nos creyésemos que solamente ocurre lo que nos cuentan y lo que nos dejan ver en los telediarios, estaríamos en la más completa de las inopias. Menos mal que todo el mundo se malicia la existencia del ‘bajo cuerda’.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Como decía el gran Tony Leblanc, en una de sus hilarantes películas, nuestros políticos juegan al ‘tápate que me voy y búscame que no me encuentras’. Se reúnen sin verse, hablan sin comunicarse, pasean sin acercarse, se enfadan sin molestarse y hasta se saludan sin juntarse.

Si los españoles nos creyésemos que ocurre solamente lo que nos cuentan y que sucede nada más que lo que vemos en los telediarios, estaríamos en la más completa de las inopias. Menos mal que ya nadie se cree nada de lo que dicen y todo el mundo se malicia el ‘bajo cuerda’.

Ahora los que juegan a los secretitos de estado (para secretos es pequeñito lo que hacen) son Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. Al parecer, nadie lo afirma, se reúnen en La Moncloa, hace más de un mes, y no se lo cuentan a nadie. Se reúnen a comer y ni siquiera nos enteramos de algo tan trascendental para España como es el menú que degustaron. Una frustración.

Muy mal tienen que andar las cosas entre el Gobierno y la Generaltat para que un encuentro -que tendría que ser normal y formar parte de las relaciones habituales entre unos y otros- genere tantas especulaciones y tanto revuelo. Rajoy se apresura a reiterar su consabido mensaje de la copla flamenca: ‘toíto te lo consiento menos faltarle a mi mare’ y dice que lo consiente todo menos que le mienten el referendum y, como da la casualidad de que lo único que mienta el dirigente catalán es el referendum, pues reunión secreta al canto. Todo muy clarito y coherente.

A Rajoy nadie le tose ni en el Gobierno ni en el Partido Popular, pero como a Puigdemont, en la Plaza de San Jaime, le tosen todos y algunos como los de la CUP hasta le estornudan en la cara, en Cataluña lo del secreto no ha sentado nada bien y los reproches van y vienen que es una delicia.

En definitiva una risa. Una negociación que no existe, un diálogo que no es ni para sordos y unas filtraciones que son lo que ahora más preocupa, no se sabe por qué motivo. Y los españoles otra vez con la sensación de que ni nos dicen ni nos enteramos. Política transparente.

Ni lo confirman ni lo desmienten. O sea, que ‘lo mienten’. Todo claro.

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