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Shock electoral

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Desconcierto, susto, reflexiones, dimisiones en el PSOE y promesas de cambios profundos en los dos grandes partidos.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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            Los cinco millones de votos que PP y PSOE han perdido en las elecciones europeas, sumado a la irrupción de Podemos, explican la situación de shock en los partidos políticos y en los propios ciudadanos. Desconcierto, susto, reflexiones, dimisiones en el PSOE y promesas de cambios profundos en los dos grandes partidos constituyen el abanico de reacciones que están provocando las europeas.

            En el PP intentan tranquilizar a sus votantes alegando que lo peor ha pasado, y Rajoy dice que “entiende” a los votantes que ahora le han retirado el apoyo, mientras atribuye a la deficiente comunicación como origen y solución de sus problemas. Eso es lo que dice, pero en el PP hay una honda preocupación, pues reconocen que las europeas marcan tendencias, y en las próximas citas electorales la caída del bipartidismo puede acelerarse.

            La debacle del PSOE ha sido mayor, y de ahí las dimisiones inmediatas de Alfredo Pérez Rubalcaba y Patxi López. Mientras tanto, Ximo Puig – recién elegido secretario general de los socialistas valencianos, hace dos meses- hace malabarismos para no dimitir, pese a que ha cosechado peores resultados que el PSOE a nivel estatal, y continuando con su discurso de que el cambio a un gobierno de izquierdas en la Comunidad Valencia es inexorable, pero se puede encontrar con la gran sorpresa de que se hace sin él, o no siendo el principal partido de un gobierno de izquierdas. Nada queda descartado a la vista de los resultados del 25-M.

            La gran sorpresa ha sido Podemos, con una ideología que la mayoría de los ciudadanos ha conocido tras sus exitosos resultados. El líder de Podemos, el joven Pablo Iglesias, amenaza: “no hemos nacido para ser un partido testimonial, y no pararemos hasta echar del poder al PP y al PSOE”. Hipotéticas coaliciones de partidos de izquierdas en diversas comunidades autónomas en 2015 han de barajar que Podemos no pactará, dicho lo dicho, con el PSOE. Si a ello le sumamos el incremento de voto de Izquierda Plural, Esquerra Republicana de Cataluña y otros partidos de izquierda, las incógnitas se multiplican.

            Comentaba un matrimonio de mediana edad: “yo siempre he votado al PSOE, y mi marido al PP, pero en las europeas nos hemos abstenido”. Puede resumir lo que ha pasado: una abstención respecto a los dos grandes partidos que les obliga a replantearse muchas cosas, y no sólo cambio de “caras”, como ha dicho Patxi López.

            Hace unos meses me reconocía un líder del PP: “O cambiamos los partidos o nos obligarán los resultados”. Ya se ha producido: los resultados obligan a cambiar.

            PP y PSOE han de cambiar para intentar captar el voto de la gente joven, que en gran medida ha ido a Podemos. ¿Cómo? Ni Pedro Arriola probablemente sabe cómo lograrlo. El 50% de paro entre los menores de 30 años y los casos de corrupción política en los dos grandes partidos pueden explicar el hartazgo de la gente joven, que se suma al castigo que han infringido con su abstención los votantes de mediana edad.

            Hace unas semanas, un joven – licenciado universitario- me expresaba su sentir: “conozco pocos hijos de políticos en el paro y en los partidos todo lo deciden unos pocos, las listas y los cargos, no hay democracia real”. Interesante reflexión de un joven que pertenece a uno de los dos partidos mayoritarios.

            Los partidos políticos deben reaccionar rápido. Los ciudadanos han votado en una proporción similar a la de 2009,  sólo que avisando de lo que detestan y prefieren.

            Los partidos deben democratizarse, de verdad, asumiendo riesgos: por no asumirlos, PP y PSOE están como están ahora. El riesgo es asumir de verdad la libertad de los ciudadanos y su poder de decisión: en la elaboración de listas, listas abiertas, primarias, dar peso real a los jóvenes – y no meramente simbólico-, ejecutivas de los partidos elegidas de verdad por los ciudadanos y no diseñadas por el presidente provincial o autonómico de turno, transparencia total, acabar con los enchufismos sistemáticos de familiares del PP o del PSOE, y un amplio etcétera.

            ¿Es utópico lo que planteo, que muchas veces recoge lo que expresan muchos ciudadanos? Tal vez parecería utópico acabar con la esclavitud en ciertas épocas de la Historia, y sin embargo se logró. También ahora hemos de acabar con la “esclavitud de la partitocracia”, que genera grandes injusticias y una podredumbre pestilente para cualquier ciudadano maduro y con equilibrado espíritu crítico. Para ello, gente nueva, formada y honrada debe entrar en la arena política, sin miedo a hablar claro y complicarse la vida. Al “podemos” tal vez le falta el “queremos” y “sabemos” de otros muchos ahora paralizados en estado de shock.

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