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Silenciar el aborto

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Hablar o escribir sobre al aborto molesta. Algo habla en el interior de las personas que conduce a evitar hablar o escribir, y a impedir que otros hablen o escriban sobre el aborto.

El domingo 7 de octubre sucedieron diversos hechos relevantes. De algunos nos enteramos, y de otros –tanto o más importantes- apenas nos llegan noticias. Ese día se celebraron 100 manifestaciones en toda España pidiendo el "AbortoCero". Entre los manifestantes no había sindicalistas remunerados, ni políticos, ni organizaciones que financien esta nobilísima reivindicación. En muchas de ellas hubo diversos testimonios del máximo interés humano: jóvenes que no han abortado pese a las presiones, madres con hijos que tienen síndrome de Down, abuelas que lo son porque su hija decidió no abortar.

Testimonios conmovedores, cifras relevantes, que algunos pretenden silenciar o incluso ridiculizar, para que esas manifestaciones integren el baúl de los recuerdos cuanto antes. No es cuestión de que haya una saturación informativa, sino de que unos pocos deciden lo que es relevante, no siempre con criterios profesionales, y más cuando la plataforma Derecho a Vivir no es, precisamente, una fuente de ingresos publicitarios para nadie, porque se financia con el corazón y la cabeza de cientos de miles de españoles, y con su bolsillo.

Hablar o escribir sobre al aborto molesta. Algo habla en el interior de las personas que conduce a evitar hablar o escribir, y a impedir que otros hablen o escriban sobre el aborto. Desde 1985 es legal en España, aborto libre en la práctica, pero no anula el mundo de la intimidad personal, pese a las demoledoras cifras de 100.000 abortos anuales en nuestro país. La intimidad puede apelar a la conciencia, o a unos vagos sentimientos de amargura que conducen a la complicidad silenciosa.

Las manifestaciones Derecho a Vivir no provocaron altercados ni heridos, un síntoma de que hay convicciones racionales y razonables que no apelan ni necesitan el insulto ni la violencia, a diferencia de otro tipo de manifestaciones. Los manifestantes van a continuar la defensa de la vida, y en absoluto invocan motivos religiosos ni reminiscencias del pasado, sino que propugnan la novedad hoy de reconocer la vida desde la concepción, con valentía y sin complejos.

¿Qué pasaría en España si se sometiera a referéndum el aborto? No es tan sencilla la respuesta. Pienso que a favor de la vida, sin límites, estamos más de los que a algunos les parece. Sin embargo, no es políticamente correcto defender la vida, el AbortoCero, y en los medios de comunicación se minimizan o ignoran estas reiteradas manifestaciones en defensa de la vida. Decenas de miles de personas ejerciendo su derecho a manifestarse no han logrado siquiera una mención en algunos medios de comunicación.

La aceptación social del aborto ha dado un paso más: silenciarlo. Social, política y periodísticamente, es un fenómeno digno de análisis. Alguien puede argumentar que predomina en ciertos ámbitos la defensa de otros derechos, pero es adoptar la táctica del avestruz: esconderse y no mirar la verdad. El primer derecho es el derecho a la vida, no es un derecho más. Cuanto le afecta es prioritario y limitarlo es negar que todos tienen el derecho a la vida, también los que nacen –y son muchas veces la alegría de las familias- con malformaciones graves, y por supuesto no puede depender de la decisión de la madre. Yo denuncio el silenciamiento del aborto, y aliento a los manifestantes a continuar con sus argumentos y con su reivindicación pacífica: son el reflejo de que sus convicciones no necesitan subvenciones ni dependen de la moda.

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