Lunes 23/10/2017. Actualizado 14:03h

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Tribuna libre

Sólo le faltó la bicicleta

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La escapada de Mariano Rajoy en el Senado inspira de todo menos confianza y si la confianza es lo que nos está faltando en Europa, estamos apañados. Para este viaje no hacen falta cien días, basta un minuto de valentía.

Dicen que Mariano Rajoy es aficionado al deporte del pedal. El pasado martes, en el Senado, solamente le faltó la bicicleta para salir huyendo de los periodistas y para salir huyendo de los españoles que, tras darle la mayoría absoluta, siguen sin saber a qué se dedica y por qué hace lo que hace.

Mariano Rajoy fue al Senado a decirnos, más o menos, que como el Estado de las Autonomías está en la Constitución que aprobaron los españoles, ni se plantea el plantearse su revisión. No se sabe si en la huida llevaba alforjas pero si las llevaba es evidente que no le hacían ninguna falta. Si Europa desconfía de las cuentas de nuestras autonomías y del mismo sistema, la negativa de Rajoy a tan siquiera pararse un momento a examinar la situación es preocupante.

Uno, ante la huida vergonzosa y vergonzante del presidente del Gobierno no puede por menos de acordarse de aquellas salidas -entre almohadillazos de los espectadores- del maestro Curro Romero. El ‘Faraón de Camas’ atravesaba el ruedo con todo el empaque y el señorío que le caracterizaba, aguantaba el chaparrón y aún tenía la elegancia de ordenar a su cuadrilla, que intentaba arroparle, que se distanciara de él para afrontar la bronca en solitario. El gran torero, en tarde de fracaso, daba la cara y por eso los públicos le esperaban, corrida tras corrida, confiados en que la próxima sería la buena.

La escapada de Mariano Rajoy inspira de todo menos confianza y si la confianza es una de las premisas para que Europa se fie de nosotros, estamos apañados. Lo primero que tiene que hacer un gobernante es dar la cara, después explicarse y entonces, sólo entonces, podrá hacer reproches a la oposición, pedir calma a sus gobernados y dar la imagen de un mínimo de seriedad en su gestión.

Los parches posteriores en los pasillos, en la rueda de prensa de Polonia o con sus parlamentarios no sirven para tapar el borrón. Además, decir que tiene un plan y que sabe lo que hace, simplemente es una invitación a que hagamos actos de fe de forma constante.

Ya está bien de asumir –en Génova se habla de ello- lo mal que comunica el Partido Popular y, como consecuencia, el Gobierno, pues con esta actitud no sólo no se hace nada para evitarlo sino que, además, se echa más leña al fuego aunque haya reuniones secretas con Alfredo Pérez Rubalcaba.

Para explicar a los votantes lo que se está haciendo no se necesitan cien días. Basta un minuto y un poco de valentía.

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