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Se abre una nueva etapa en Andalucía donde la corrupción al por mayor será brutalmente atajada por el nuevo presidente.

Increíble, inesperada y asombrosa victoria de Javier Arenas en Andalucía. El fruto de la renovación, del mensaje sosegado, y de la derecha simpática en todo su esplendor. Arenas, el hombre clave del Partido Popular desde el Congreso de Valencia, recibe así su premio, después de muchos meses de trabajo intenso, pero moderado, brillante pero discreto, pionero pero continuista.

Arenas campeón. Las encuestas han vuelto a dar en la diana. Nada ha podido detener este huracán renovador iniciado con la llegada de Rajoy a La Moncloa. Andalucía necesitaba cambio y ha tenido cambio. Y lo ha liderado Arenas, que no hay otro en el mundo entero que haya ocupado jamás el liderazgo andaluz con tanta gracia, y tan anchas posaderas sobre ese trono. Por eso él es el ganador. Él y no Rajoy. Él y no Emilio Butragueño, ni el Oso Yogui, ni Shakespeare. Arenas y sólo Arenas. Arenas campeón.

Se abre una nueva etapa en Andalucía donde la corrupción al por mayor será brutalmente atajada por el nuevo presidente, y en la que esta preciosa región de España volverá al telediario por su belleza, por su cultura y por su maravillosa gastronomía, y no por las juergas de ese Blues Brother de segunda, presunto amante de los gintonics, y su círculo de amistades. Griñán pasará a la historia. Como Chaves. Como la izquierda y su chiringuito de corruptelas, y subvenciones, y chantajes.

Todo gracias a Arenas, que logró convencer a los andaluces para que acudieran a votar en masa al Partido Popular, resultando totalmente derrotado Griñán y todo el bloque de la izquierda andaluza, que habrá de redefinirse para no extinguirse, entre este vuelco del sentido común, la sinceridad, y la política pop. Porque cada voto logrado por Arenas lleva el sello pop de Arriola, gran gurú de la era moderna, jefe máximo de la tribu popular, fontanero entre los fontaneros, y hacedor de la poción mágica que ha vestido de azul la comunidad autónoma verde en un vuelco electoral sin precedentes en la historia de España.

Arenas campeón. Ha podido más el discurso de la moderación que el del miedo a la derecha. Ha funcionado a la perfección la táctica de mimetizarse con la izquierda. Los votantes son fáciles de engatusar, como pretendían una vez más Arenas y Arriola. Ha vencido la paciencia y la constancia de Arenas, frente a las minorías que pedían aire fresco dentro del partido. Han triunfado las promesas de continuidad del entramado público de la Junta, frente a quienes querían llevar el partido a la extrema derecha, anunciando la puesta en acción de un brutal plan de recortes en esta comunidad donde despilfarro es sinónimo de programa electoral. Ha ganado al fin el centro en Andalucía. Ha arrasado la derecha recatada. O el centro derecha. O lo que sea. Y esto hay que celebrarlo. ¡Que corra la manzanilla! ¡Que viva el rebujito!

Y no sé por qué, pero a cada sorbo de rebujito lo veo todo mejor. Las burbujas suben a mi cabeza y estallan, ¡blop!, junto al hemisferio encargado del cálculo electoral. Es la sociología del vaso, la estadística de la botella, la que mejor se me da. Cierro los ojos y veo a Arenas, ese ídolo. Ese estandarte. Y a Rajoy, ese presidente que ha sabido premiar la fidelidad del dirigente andaluz, regalándole la fórmula mágica para alcanzar la deseada mayoría absoluta. Otro sorbo de rebujito y se me empañan los ojos frente a los gráficos electorales. Todo lo veo azul. Todo tiene forma de gaviota. Arenas, Presidente. Gran mayoría absoluta. Arenas, campeón. ¡Viva la política pop! ¡Viva el extremo centro!

Pero tal vez Arenas merezca algo más que vencer unas simples elecciones andaluzas. Con estos abrumadores resultados, un partido representado por una torpe gaviota resulta una vulgaridad que ensombrece su talento. Creo que es hora de que Arenas presida su propio grupo político y vuele bien alto, sin el lastre de pertenecer a un partido que antaño fue de derechas, en esa época en la que los dirigentes populares sabían hablar a la cara a la ciudadanía, sin complejos. Hoy es la hora del PA. El partido de Arenas. Ahora solo falta que Arriola le siga en este viaje. El PAYA, el Partido de Arenas y Arriola, sería un proyecto político imbatible en España, Europa, e incluso en los Estados Unidos. Un sorbo más de rebujito y ya lo veo: Obama doblegado en las urnas ante el tándem de víboras electorales del momento: Arenas y Arriola. Arenas presidente de los Estados Unidos. Arriola, vicepresidente. ¡Vivan los nuevos tiempos! ¡Viva el PAYA! No lo confundan con ¡Viva España! Que aún hay clases en la zoología política española. Y nosotros somos tipos moderados, movedizos, sostenibles. Somos los del PAYA. De victoria en victoria hasta la derrota final.

Itxu Díaz es periodista y escritor. Desde el 21 de marzo está a la venta su libro «Yo maté a un gurú de Internet». Sígalo en Twitter en @itxudiaz

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