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Verdades, medias verdades, mentiras, estadísticas y Pedro Sánchez

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A Sánchez le ha bastado menos de una semana para, con excusas infantiloides, mentir con todo descaro y aseverar que no va a cumplir ninguna de las promesas hechas en los discursos de la moción de censura.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Por no respetar, el flamante presidente del Gobierno, no ha respetado ni al mismísimo Enrique Tierno Galván que, con toda desvergüenza, decía aquello de que las promesas de las campañas electorales están para no ser cumplidas. Pedro Sánchez, sin necesidad de campañas electorales ni de comicios (hasta ahora ha perdido en todas las ocasiones) se ha convertido en el adalid de la mentira rápida, de la afirmación falsa y de la promesa incumplida.

A Sánchez le ha bastado menos de una semana para, con excusas menos que infantiloides, mentir con todo descaro y aseverar que no va a cumplir ninguna de las promesas que hizo en los discursos (o lo que fueran) de la moción de censura.

Mintió cuando dijo que convocaría elecciones lo antes posible; mintió al afirmar que echaría abajo, inmediatamente, la reforma laboral; mintió cuando declaró que afrontaría el problema de la financiación de las autonomías; mintió al proclamar a los cuatro vientos que jamás llegaría a la Presidencia del Gobierno con los votos de populistas y separatistas.

Sánchez, sin el menor sonrojo y de una tacada, ha mentido a su partido, ha mentido a los sindicatos, ha mentido a los presidentes autonómicos, ha mentido en la tribuna del Congreso de los Diputados y ha mentido a todos los españoles.

Tampoco en este caso el fin, el único fin de Sánchez que era sacar a Mariano Rajoy de La Moncloa, justifica los medios empleados ni hace buenas las mentiras, ni tapa las vergüenzas de un gobernante.

Por si fuera poco, el presidente de un gobierno con 84 diputados se dispone a legislar por decreto-ley. El que iba a regenerar la democracia y quien se ha instalado a la cabeza del Gobierno de España sin pasar por las urnas, va a gobernar haciendo caso omiso de los números parlamentarios y de las más elementales exigencias de cualquier democracia.

Extraña, además, que sobre la mentira, caigan las coartadas más ridículas e inconsistentes aunque, a la vista de la propia inconsistencia (valga la redundancia) del protagonista, no debería extrañar tanto.

Con independencia de su gestión, la trayectoria de Pedro Sánchez ya está lastrada con el peso más vergonzoso y más lacerante para un país y para cualquier político: la mentira.

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