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Tribuna libre

ZP, rey (del humor) en Nueva York, da el visto bueno al plan de Bush y Wall Street respira.

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Hasta ahora ‘Un rey en Nueva York’ era Charles Chaplin que dirigió y protagonizó esa gran película. Pero Zapatero le ha desbancado y –jocosillo él- gasta bromas a Berlusconi y a Sarkozy y todos, menos Rajoy, se ríen mucho.

No sólo tenemos la economía mejor del mundo sino que despertamos la envidia de naciones como Francia e Italia y a sus respectivos mandatarios les rechinan los dientes. Menos mal que todo son bromillas y jocosidades que acostumbran a gastarse entre sí los políticos. El problema es que con la que está cayendo hay bromas que pueden ser, cuando menos, inoportunas. Además, Rodríguez Zapatero no parece que lleve por donde va demasiada buena suerte. Fue apoyar explícitamente el programa Bush y la negociación, Obama, Mc Cain, demócratas y republicanos para aceptar el plan, se paralizó vaya usted a saber por qué.

Los optimistas antropológicos es lo que tienen, que cuando no pueden llevarse a la boca algo que justifique su optimismo se dedican a gastar bromas. Pero como todos saben que es broma pues no pasa nada.

Rajoy no, Rajoy es de carácter pesimista, nunca dice nada bueno, siempre tiene cara de estreñido y cuando sonríe en los congresos de su partido es como una mueca que llega poco al gran público.

Y lo que hay es que dar confianza a los mercados y a los empresarios americanos, y por eso entre broma y broma y chiste y chiste el presidente del Gobierno les dice que como ‘España no hay ná’ y que,  como decía Manolo Escobar, ‘España es la mejor’. Y si no, que se lo pregunten a los tenistas americanos si es que han salido ya de los chiqueros de Las Ventas.

Lo único que se echa de menos en loas intervenciones de Rodríguez Zapatero en Nueva York es que no las acabe entonando el ‘a por ellos, oé, oé’, que quedaría muy propio.

Otro bromista es Pedro Solbes –también él tiene uso de razón desde hace la tira de años- aunque quizá como humorista tiene menos tirón que Rodríguez Zapatero. La broma que gastó el otro día en el Congreso de los Diputados estaba bien traída: ‘Nosotros no hemos negado nunca la crisis’. Y, al mismo tiempo, el Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid, Antonio Beteta, anunciaba que iba a llevar al vicepresidente a los tribunales. Pero no por la broma, sino por no pagar lo que debe a los madrileños.

Las bromas son contagiosas. Ruíz Gallardón bromea con los madrileños y además de subir los impuestos, los deja sin túneles y sin zanjas. En Barcelona anunciaban una fiesta de La Mercé musulmana. Esperanza Aguirre desfila a los sones del ‘Mamma mía’. El PP hace el ridículo con un concurso de vídeos sobre la economía. Pero todo es broma y es ese sentido del humor que, según Rodríguez Zapatero, le falta a Rajoy.

Santander va a optar a capital europea de la cultura en el año 2016. Se supone que antes habrán mandado a Revilla a ‘mojar’ a otros lugares… Es broma. Y el mercado financiero español se inunda de bonos –con minúscula- del Estado… Otra broma.

El plan VIVE de Miguel Sebastian, se muere… también es broma, porque sólo 18 españoles se han acogido a él. Y es que el ministro de Industria sí que es un bromista. Ahora le ha dado por la Navidad. Empezó con las bombillas y acaba con los Reyes Magos y los juguetes. Es bromista pero algo inconsecuente, porque se supone que a él los regalos se los trae Papá Noel.

Y sigue, de broma, Esperanza Aguirre metiéndole el dedo en el ojo a Rajoy. Ahora le ofrece un puesto en Madrid a María San Gil.

Lo que pasa es que gastarles bromas a los españoles en el paro, a los comerciantes que cierran, a los pensionistas, a los padres de familia que con un ERE encima tienen que pagar los colegios o a las amas de casa que van al mercado puede convertirse en una broma de mal gusto en cuanto Rodríguez Zapatero se distraiga un poquito.

La única seria que hay en este país es la ministra de Fomento. Menuda es Magdalena Álvarez -ex Maleni- cuando se enfada: ‘Eso no me lo dice usted en la calle’, le soltó al diputado del Partido Popular Andrés Ayala. Eso es poner a la gente en su sitio, con rigor y con seriedad parlamentaria. Y luego, tras la seriedad, se va a la comisión correspondiente a explicar con claridad meridiana lo de las filtraciones. De bromas, nada de nada.

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