Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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Tribuna libre

Zapatero arriesga mucho, casi todo, en Madrid

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Fiado en su instinto político, que él considera muy bueno porque le ha llevado hasta La Moncloa, y también apostando por un providencialismo que hasta ahora no le ha fallado, José Luis Rodríguez Zapatero ha decidido jugarse su futuro en la ‘batalla de Madrid’.

Aunque pueda parecer excesivo el enfoque, lo cierto es que el movimiento que ha realizado, empujando a Trinidad Jiménez a saltar a la arena para disputar a Tomás Gómez la nominación, supone un riesgo doble, en ambos casos  de carácter grave, para el presente y sobre todo para el futuro político del presidente.

El primer riesgo es que su favorita no logre la nominación: que en las primarias acabe derrotada por el líder regional madrileño. Lo cual entraña una pregunta previa: ¿es imaginable una rebelión del PSM frente a Zapatero? Y plantea estas otras: ¿Tomás Gómez se mantendrá hasta el final? ¿No tirará la toalla en el último minuto, por miedo a las consecuencias para su carrera política, o por sentido de responsabilidad y ‘patriotismo socialista’, es decir, por ahorrar al partido el espectáculo de una lucha fratricida?

A esto último hay que responder que, por los datos manejados, existen altas posibilidades de que Tomás Gómez persista en su apuesta, enfrentado a la voluntad del presidente del Gobierno. Lo cual constituye ya un desafío a la autoridad del primer secretario.

En cuanto a la primera cuestión, no es descartable que en el interior del PSOE, o en una parte significativa de él, se haya instalado la idea de ‘frenar’ a Zapatero. Es decir, de plantar cara a una dirección personalista que, por la vía de los hechos, no tolera, no ya ninguna discrepancia, sino incluso la discusión. Hay cansancio entre dirigentes y militantes por esta larga época de silencio y ausencia de debate interno.

La situación de dominio absoluto y domesticación del partido resultaba soportable porque la figura del secretario general andaba en trayectoria emergente. Pero, ahora que su estrella se apaga, que baja la valoración en las encuestas, y que incluso se ha convertido en una rémora para el partido porque quita votos en zonas como Cataluña y Euskadi, parece llegado el momento de la reacción. De pararle los pies.

Una derrota de Trini Jiménez en las primarias representaría precisamente ese tascar el freno al secretario general y presidente del Gobierno. Y una organización tan díscola como siempre ha sido el PSM, puede tener ganas de hacerlo. Incluso haber recibido el aliento oculto de otras organizaciones territoriales, pero también de esos viejos e históricos dirigentes, de nombres muy conocidos, críticos con Zapatero desde hace tiempo.

Así que no es imposible que, al final, Tomás Gómez gane el pulso a Trinidad Jiménez. Y entonces estaríamos ante la ‘rebelión’ del PSM a que me he referido. Con lo que la autoridad y prestigio de Zapatero habrán acabado muy dañados.

El otro riesgo, y ya son dos, es que, incluso aunque la ministra de Sanidad consiga ser designada, pierda las elecciones autonómicas ante Esperanza Aguirre. Si así ocurriera, la voluntad del presidente del Gobierno, que es quien ha impuesto la candidata, quedará definitivamente en entredicho, después de fracasos tan estrepitosos como el cosechado antes por la propia Trinidad Jiménez, o el de Miguel Sebastián en el ayuntamiento de Madrid.

Con todo ello, a un Zapatero herido por el fiasco de su niña mimada le esperaría quizá el mismo futuro que el de un náufrago que sangra en un mar de tiburones.

Incluso aunque no acabe devorado, volver a perder Madrid se convertiría para el presidente del Gobierno en la peor campaña de publicidad, a la hora de volver a ser candidato en las generales. Y, sobre todo, de ganarlas.

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