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Zapatero y la derrota de ETA

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Después de haber estado negociando políticamente con ETA, Zapatero no puede pretender que los ciudadanos nos creamos que ahora está dispuesto a acabar con la banda.

ETA ha vuelto a matar. Su última víctima ha sido el miembro del Ejército, el Brigada de Artillería, Luís Conde que falleció el pasado día 22 como consecuencia de la explosión de un coche-bomba que la banda terrorista colocó a las puertas de una residencia militar en la localidad cántabra de Santoña. Antes lo había intentado en Ondarroa y Vitoria, donde otros dos coches-bomba causaron heridos e importantes destrozos materiales.

Por parte de ETA es lo que cabe esperar. El problema no es tanto, que también, la capacidad que siga teniendo la banda terrorista para matar y causar daño y dolor, sino en saber cual es la actitud de fondo del actual Gobierno y de su Presidente de cara a terminar con este grupo de asesinos.

Después de haber estado negociando políticamente con ETA durante la pasada legislatura; después de haber pagado algunos peajes para mantener viva esa negociación como haber permitido la presentación en diferentes procesos electorales del Partido Comunista de las Tierras Vascas y de ANV, recientemente ilegalizadas por el Tribunal Supremo; después de haber mentido reiteradamente a los españoles llegando a decir tras el atentado de la T-4 de Barajas que no habría mas reuniones con la banda terrorista y luego las hubo; después de haber despreciado lo que la mayoría de las víctimas del terrorismo pedían -“negociación, en mi nombre no”- el Presidente del Gobierno no puede pretender que los ciudadanos le demos un voto de confianza y nos creamos a pies juntillas que ahora está dispuesto, sin más, a acabar con ETA.

Zapatero nunca ha creído que el final de ETA tenga que llegar exclusivamente por la vía del combate policial, judicial e internacional contra la banda terrorista. El prefiere el camino de la negociación. Este último le debe de parecer más progresista y aquel, más propio de un gobierno de derechas. Otra cosa es que el Presidente, que no es ningún “bobo solemne” como de forma torpe le definió Rajoy, sepa que en el momento actual no puede arriesgar lo más mínimo en ningún tipo de iniciativa o gesto que pudiera ser entendido por la opinión pública como un nuevo proceso de negociación. Pero eso no es incompatible con que en un futuro, si puede, vuelva a intentar su mal llamado “proceso de paz”.

Si Zapatero creyera de verdad en la derrota de ETA, tendría que haber hecho ya una declaración solemne en el Congreso de los Diputados en la que quedara descartada absolutamente para un futuro la vía de la negociación. Si en su día pidió a la Cámara permiso para negociar con la banda terrorista, ¿por qué no hace ahora lo contrario y de esa forma mandaría un mensaje muy claro y contundente a ETA de que se acabó eso de volverse a sentar en una mesa con el Gobierno?

Si Zapatero estuviera en ese empeño de derrotar a la banda terrorista, habría activado todas las vías legales, que haberlas haylas, para sacar a ANV de los Ayuntamientos vascos y navarros, donde gracias a su permisividad, la del Presidente, obtuvo cerca de quinientos concejales en las elecciones municipales de mayo del 2007. Mucha diligencia mostró el aparato gubernamental para disolver en su día el Ayuntamiento de Marbella, mientras que ahora todo son remilgos y pegas, revestidas de argumentos pseudos-jurídicos, para no actuar de la misma forma, al menos, en los Ayuntamientos donde el Alcalde es alguien que se ha presentado por un partido que el Tribunal Supremo acaba de decir que forma parte de ETA.

Solo el tiempo nos dará o nos quitará la razón a los que pensamos que en el campo de la lucha contra ETA este Presidente no es de fiar y que la desconfianza respecto a sus verdaderas intenciones, es máxima. Menos mal, como decía Mario Onaindía, que en la lucha antiterrorista tenemos a la Guardia Civil.

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