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Tribuna libre

¿Quién amuralla la fe?

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La espiritualidad, el planteamiento existencial y las creencias religiosas son de gran relevancia para la persona y para su salud mental.

Mientras Benedicto XVI llegaba a Santiago se clausuraba en Ávila en I Simposio de Psiquiatría y Experiencia Religiosa, organizado por la Fundación Juan José López-Ibor, la asociación KGSV y la Asociación Mundial de Psiquiatría (WPA).

Podría parecer un tema que sólo interesaría a algunas beatillas o a un grupo de amiguitos, pero ha reunido a científicos de los cinco continentes, a varios presidentes de la Asociación Mundial de Psiquiatría, a catedráticos y profesores de decenas de universidades españolas y extranjeras, creyentes judíos, musulmanes, cristianos, católicos, no creyentes, ateos, “contra-teos” y “anti-religiones”.

Una reunión científica para tratar un tema de indiscutible actualidad e impacto mundial, un diálogo entre fe y razón, entre ciencia y religión para buscar el mejor bienestar de cada persona.

Marianne Kastrup , directora del Centro Nacional de Psiquiatría Transcultural de Dinamarca, país en el que aún es tabú hablar de religión, expuso cómo la puesta en marcha de un servicio de atención a las necesidades espirituales y religiosas en los servicios de salud ha supuesto una mejoría de los mismos y del bienestar de las personas.

El tema no es fácil pues sociedades como la sueca o la brasileña son muy dispares respecto a la espiritualidad y sus manifestaciones. ¿Cómo atender a los inmigrantes de diferentes culturas y religiones?

El musulmán Ahmed Okasha, presidente de la WPA (2002-05) afirmó que la religión es muy positiva para el hombre porque cultiva la propia integridad, refuerza el valor personal, promueve la rebeldía frente al materialismo, favorece el significado de la propia individualidad y el desarrollo de múltiples virtudes.

Es difícil encontrar alguna persona o alguna sociedad sin dimensión espiritual y religiosa, con todas sus manifestaciones culturales y artísticas. Ahora que celebramos su centenario, ¿qué sería de la poesía de Miguel Hernández sin su dimensión espiritual? Dice un verso suyo: ¿Quién amuralla una voz? Yo me pregunto: ¿Quién amuralla la fe y la encierra en el ámbito de lo exclusivamente privado? ¿El gobierno dictatorial chino?

El laicismo reduccionista daña a la persona porque cercena una de sus dimensiones. La laicidad sana generará salud si promueve el desarrollo de la persona, de su conciencia y libertad, en búsqueda de la verdad, desde donde cada cual pueda, con su inteligencia, vida, educación, formación y circunstancias personales.

Un laicismo agresivo que impida el desarrollo de esta área no es beneficioso para la buena salud mental de la sociedad en general ni de cada persona en particular. Es necesaria una auténtica reflexión sobre la laicidad que promueva el desarrollo armónico de la persona.

La espiritualidad, el planteamiento existencial y las creencias religiosas son de gran relevancia para la persona y para su salud mental. Negarlo es negar la evidencia y la experiencia de tantos profesionales. Negar la importancia de la espiritualidad y las creencias es tan absurdo como negar los avances y las aclaraciones de la ciencia. Quizá dejemos de pelearnos cuando no tengamos nada que esconder.

El premio Nobel de Fisiología y Medicina Sir John Eccles afirmaba: “los creyentes no deben temer los descubrimientos y teorías de la ciencia, aunque pueden sentirse desconcertados, como lo estoy yo, por las técnicas inquisitoriales de los materialistas dogmáticos”.

Ahora que se defiende la medicina personalizada no basta sólo con saber la dosis exacta del fármaco según el mapa genético de ese cuerpo, también es necesario tratar a la persona que enferma, con sus creencias y espiritualidad particular.

Hace pocos años todavía era tabú preguntar por la sexualidad en las consultas médicas, quizá haya llegado ya la época de aumentar nuestra profesionalidad y contar también con la dimensión espiritual de la persona.

Los interesados que se lean este libro: Religion and Psychiatry: Beyond Boundaries y que aporten sus ideas al diálogo fe y razón, ciencia y religión, sin miedo a los que intentan amurallar una voz, amurallar la fe.

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