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Tribuna libre

Un aniversario y una despedida

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Donde el autor se despide de la columna que ha ocupado gustosamente varios años

Al cumplir los treinta años, uno ya no puede enamorarse por primera vez, uno ya no puede emborracharse por primera vez, ni beber una botella de Château Latour por primera –y quizá última- vez. Con el filósofo, uno podría pensar melancólicamente que “la vida es solitaria, pobre, sucia, bruta y corta”, pero sería una injusticia negar el poso y el brillo amortiguado de la continuidad de los afectos, de una cierta belleza, de una cierta bondad y capacidad de milagro. El mismo sentimiento de lo real -algo así decía Simone Weil- ya es alegría. También, al echar la vista atrás en la vida, parece que uno repasara la cuenta de un restaurante: es un balance crudo y sorprendente, pero es fácil pensar que todo ha estado bien –y quizá uno de los pensamientos más útiles vitalmente que se pueden tener es dar por bueno todo lo pasado, como una redención. Sospecho que sería mucho más importante haber aprendido algo de piedad y algo de sentido trágico antes que cualquier arte mundana; después, están los libros o el arte para consolar de cualquier extrañamiento cultural con nuestra época. La máxima de Solzhenitsyn –o como se escriba- que nos insta a “vivir según la verdad” implica no decir que es bueno lo que uno piensa que no es bueno. Es la lucha por la virtud.

Además de la veintena, uno abandona esta columna, tras varios años, sin tiempo para la pena aunque con ganas de haber escrito más. Por desgracia, se trata de algo que uno lleva mucho tiempo sin poder cuidar, y Llop ya apunta de la difícil mezcla de obligación y arte. En todo caso, uno agradece la benevolencia ajena. Y es además necesario agradecer a quienes han sido mis superiores y compañeros de ECD su solvencia periodística, su amor por lo bien hecho y su temple moral de caballeros, cosas que uno guarda como una de las misericordias de la vida. Por lo demás, uno seguirá escribiendo en otros sitios y –para quien le interese- está prevista alguna publicación. Como los viejos monjes, nulla dies sine linea.

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