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“Yo no me arrepiento de nada”

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La frase es bastante usual en entrevistas a gente más o menos famosa. Arrepentirse es ser humilde sin necesidad de pensar o decir que se es humilde. La frase “yo soy humilde” se destruye a sí misma.

Un artículo de...

Rafael  Gómez Pérez
Rafael Gómez Pérez

Profesor de Antropología Cultural.

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         Entre las declaraciones triviales esa ocupa uno de los primeros puestos. Es verdad que en las entrevistas, dependiendo de las preguntas que se hacen, las respuestas están más o menos guiadas. “¿Te arrepientes de algo en tu vida?” “No, no me arrepiento de nada”. Si la pregunta hubiera sido: “¿Te habrás arrepentido de algo en tu vida, no?” La respuesta podría haber sido: “Por supuesto”.

         Dejando eso aparte, no acabo de entender cómo es posible no arrepentirse de nada. Cualquiera con un mínimo de autoconsciencia, si echa la vista atrás, encontrará cosas de las que estar orgullosos, cosas de que arrepentirse y la mayoría que son ni fu ni fa. No tener nada de que arrepentirse es prácticamente imposible, porque no es humano.

         Otra modalidad es: “No me arrepiento de nada porque he aprendido de mis errores”. Pero ahí no hay ilación ni lógica ni humana. Cuando uno se arrepiente es cuando puede aprender de sus errores.

         Se piensa quizá que arrepentirse es algo negativo, cuando es todo lo contrario. Soren Kierkegaard, que fue un filósofo lúcido y agudo, escribió: “¿Qué es el arrepentimiento sino mirar atrás acelerando la marcha hacia aquello que está delante?” El arrepentimiento permite progresar, hace tesoro de la experiencia pasada, ayuda al propio conocimiento.

         Arrepentirse es sentir pena, dolor, por algo que se ha hecho mal. Pero precisamente el diagnóstico del mal (como en la enfermedad) es lo que permite que se abra paso el bien (la curación).

         Además, como el mal suele tener como víctima los otros, arrepentirse (y en su caso reparar) es algo muy saludable para la convivencia: en la familia y en cuaquiera de las relaciones con otras personas.

         Arrepentirse es ser humilde sin necesidad de pensar o decir que se es humilde. La frase “yo soy humilde” se destruye a sí misma.

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