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El belén de Rubalcaba

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Cuando Rubalcaba alude a Dios para saber su futuro, muy mal debe ver su situación en el PSOE.

A Rubalcaba le preguntaron hace unos días si se presentaría a las primarias –que fijó en 2014 ó 2015-, y su respuesta fue: "Dios dirá". Cuando Rubalcaba alude a Dios para saber su futuro, muy mal debe ver su situación en el PSOE.

Hace unos días, Felipe González, en presencia del propio Rubalcaba, sentenció que "el PSOE ha perdido su vocación de mayoría". Carme Chacón ha vuelto a intrigar, superado su ostracismo y tras ver las debacles electorales del PSOE. Y Tomás Gómez pidiendo un cambio de personas y de ideas. Rubalcaba tenía la opción de dimitir -casi nadie esperaba que lo hiciera-, o bien de que le echaran, por vía ordinaria o extraordinaria. La dimisión le hubiera honrado un poco más, pero encabeza la vieja guardia en el partido, una vieja guardia que sabe que sus días están contados y desea prolongar cargos y remuneración.

No hay que darle más valor a la expresión "Dios dirá", que es coloquial y enigmática, porque Dios deja las trifulcas políticas en manos de los hombres. La proximidad de la Navidad ofrece referencias interesantes para comprobar cómo está arraigada esta fiesta cristiana, y lo ridículo que resulta que unos pocos critiquen a Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados, por felicitar con un Nacimiento. Y resultan de un sectarismo trasnochado algunos intentos de presentar los belenes como atentado a la libertad: simplemente es respetar la libertad, nuestra cultura y nuestra historia, y no son bagatelas. A nadie se obliga, a nadie se coarta.

Ya que Rubalcaba opta por fiar su destino a Dios, tal vez podría poner en su casa un belén. En algunos lugares he oído la expresión "belén" como sinónimo de multitud variada y abigarrada de personas, y en efecto hay belenes que –en torno al Nacimiento- reúnen figuras de todo tipo, graciosas, tradicionales, reales o imaginarias. Como en la realidad Rubalcaba sólo aspira a sobrevivir en el cargo, en ese belén –por supuesto imaginario, o en un rincón escondido de su casa- podría ubicar a placer a Carme Chacón, tal vez en el fondo de una mina, o a Tomás Gómez, alejándolo del escenario principal y picando piedra o arrastrando troncos. ¿Y dónde se ubicaría el propio Rubalcaba? No lo veo adorando como un rey mago; a él le gustaría ser pastor de un rebaño numeroso: pero los votantes del PSOE no son rebaño, y ahora tampoco numerosos. Tan complejo le resultaría a Rubalcaba montar un belén que no lo hará.

Contemplando el Belén –lo escribo ahora con mayúscula, porque me gusta más y hasta creo que es más propio por recordar el Nacimiento de Jesucristo-, no habrá figuras que recuerden a nadie de nuestros días. En el Belén cabemos todos, con sencillez, humildad y pobreza. Por eso deseo felicitar la Navidad a mis lectores habituales u ocasionales en primer lugar, y a todos –Rubalcaba incluido- los que menciono en mis artículos. Belén no excluye a nadie. Y mi mente viajará a Belén, que visité hace dos años con emoción: imborrable en mi memoria, de Belén guardo fotografías y amistades como un pequeño-gran tesoro.

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