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Tribuna libre

Por la boca… Alfredo, bromas aparte

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Se nota –y eso es peligroso- que en el entorno de Alfredo han comenzado a pulular los asesores de imagen.

No seré yo quien haga bromas con lo de ‘quiero que me llaméis Alfredo’. Cada uno decide cómo quiere que le llamen y punto.

Lo que sí se nota –y eso ya es más peligroso- es que en el entorno de Alfredo han comenzado a pulular los asesores de imagen. Aquello de ‘vaqueros y sin corbata’. En los mítines nada de mesa ni de sillones, una banqueta de cafetería que da más sensación de cercanía y de juventud. Y luego, cambiar de rictus que ‘el tuyo, Alfredo, es muy adusto’. Dientes, dientes -que diría la Pantoja-. Dientes, cercanía y aire joven.

Hasta ahí todo normal. Todo lo normales que pueden ser las ocurrencias de los asesores de imagen.

Pero lo peor es lo del humor, las humoradas y las gracietas. ‘Alfredo, hay que distender el mensaje y entrar por el camino de la ironía, del desenfado y de la broma’. Y, ni corto ni perezoso, Alfredo se ha tirado al monte de los cuasi monólogos esos de la televisión.

Comenzó en una sesión de control en el Congreso contestando al interrogador aquello de la flauta de Bartolo que tenía un agujero solo. Una risa. Lo que ocurre es que el interrogante iba sobre la cafetería Faisán, esa que está camino de Francia. Y ya conocen ustedes las preguntas sobre ‘el Faisán’: que a cuánto ponen el ‘cortao’, que si dan tapa con la caña, que si hay terraza en el exterior, que si la tortilla es del día. O sea, lo normal. Y, ante semejantes preguntas, lo indicado es la broma sobre la flauta de Bartolo.

Pero siguen las bromas del cambio de imagen. Y la siguiente fue en la rueda de prensa tras el último Consejo de Ministros. Y a la pregunta sobre su candidatura para las elecciones generales, Alfredo afirma estar triste porque ninguno de sus conmilitones le ha felicitado. Y él, que llevaba una piñata para distraer un poco la monotonía del ‘faisán’ y de la flauta de Bartolo, se quedó con la ‘ilu’ dentro porque nadie le tiró de las orejas.

Y ya en el colmo del humor, llega la ocurrencia de los coches de incidencias, en este caso coches de caballos, para ridiculizar a Rajoy que quiere cortar la mamandurria de los coches oficiales.

Y ya gustándose –como Morante de la Puebla- les explica a los periodistas lo importante que es comer y lo sagrada que es en España la hora de la comida.

Es que Alfredo es desternillante.

Pero tiene humoradas mejores aunque no se sabe si se las han escrito los asesores de imagen. Por ejemplo cuando dice que conoce las soluciones para lo que pasa desde que él está en el Gobierno. Y la mejor y la más divertida de todas es cuando busca apoyos en los nacionalistas -sí se sabe a cambio de qué-, a cambio de los votos que son de todos, con los que Alfredo busca apoyos para apuntalar al Gobierno, que cada vez es de menos.

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