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Tribuna libre

Por la boca… Aznar, de visita

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Ya no se llevan las visitas. Eso es cosa del siglo antepasado y, además no sólo no se llevan sino que, a veces, son molestas.

Ya no se llevan las visitas. Eso es cosa del siglo antepasado y, además no sólo no se llevan sino que, a veces, son molestas. Estás en casa tan relajado, sin hacer nada y, de pronto, aparece la visita y te chafa el descanso.

Eso es lo que le ha debido de pasar al Gobierno de Rodríguez Zapatero con la visita de Aznar a Melilla, que hay que reconocer que ha sido una visita molesta que les ha pillado en bata y en zapatillas.

Porque eso de ‘no vengo a criticar’, para luego decir aquello de ‘entre el acoso y la dejadez’ y que hay que ‘hacer políticas serias’, ha sido un disparo certero en toda la línea de flotación de tres o cuatro ministerios, incluida La Moncloa, del Gobierno de España.

Aznar ha dicho en Melilla y a los españoles melillenses, lo que muchos otros españoles piensan de lo que está pasando en Melilla y de la política que se está llevando a cabo con Marruecos. Otra cosa es que Aznar –que tiene todo el derecho a ir dónde quiera y a decir lo que quiera- fuera el visitante indicado e incluso también es otra cosa que, en el Partido Popular, justifiquen el asunto diciendo que es un español con todo el derecho a visitar España. Pues claro que sí, faltaría más. Lo que pasa es que Aznar no es un español corriente y moliente y que, en estos momentos, esa ciudad española que es Melilla atraviesa –lo quiera o no  Pérez Rubalcaba- una situación delicada.

Es muy posible quien debería haber estado en Melilla fuera Mariano Rajoy, pero ese es otro cantar y hasta otro veraneo.

El caso es que quienes tienen que dar la cara en Melilla no la están dando y esos son los ministros de los ramos correspondientes incluida la –para otras cosas tan beligerante y diligente- ministra de Igualdad, Bibiana Aído.

Y no solamente no dan la cara, con Rodríguez Zapatero a la cabeza de los ausentes, sino que se permiten el lujo de criticar agriamente que otros la den. Ahí está la amargura de José Blanco, llamando ‘desleal a España’ a José María Aznar y mintiendo descaradamente al decir que el Aznar, presidente del Gobierno nunca había estado en Melilla. Una vez más, ‘por la boca…’ y una vez más, el pez ha sido el ministro de Fomento.

Valga como excusa para la acritud de Blanco, el papelón que tuvo que hacer sentándose al lado de la vicepresidenta para el asunto económico y teniendo que colocarse varias veces en situación de recibir la azotaina dialéctica de la que, por el momento, ocupa la tercera poltrona en el Gobierno. Y es que Elena Salgado no se cortó lo más mínimo para poner al ‘reflexivo’ ministro en su sitio.

Cuando Blanco dice que reflexiona hay que ponerse a temblar, como mínimo, por dos razone: primero porque las reflexiones de una cabeza como la suya siempre son asustantes y segundo porque la inmensa mayoría de sus reflexiones acaban en el Boletín Oficial del Estado.

O sea que lo de la subida de impuestos, para ponernos a nivel europeo, era una reflexión. O sea que, según quién tiene que reflexionar sobre la economía, de reflexiones fiscales, nada. O sea que prepárense para ver, en cuanto nos descuidemos, la reflexión de José Blanco en el B.O.E.

Pero, aún así, los españoles seguimos echando en falta algunas reflexiones más de los ministros y de su presidente, en torno a Melilla, con visita indeseada, que no indeseable, de Aznar.

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