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Tribuna libre

Por la boca… ‘Desalianzar’

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Las alianzas están muy bien para tocar poder o para quitárselo a los otros, pero en tiempos de elecciones cada uno va a lo suyo y lo que antes era bueno para el común y hasta tenía sentido de estado, desaparece.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Ya lo decía mi abuela que era muy de refranes: ‘entre amigos lo que quieras, pero tus burros a mis trigos, ni hablar’.

Eso es lo que aplican nuestros políticos y nuestros partidos -todos los políticos y todos los partidos- en tiempos de elecciones. Alianzas que siempre pasaron por ser válidas, se deshacen como un azucarillo en agua en cuanto suenan las trompetas de las elecciones.

Ahora, con los comicios catalanes a la vista, se ha puesto inmediatamente de manifiesto esa especie de egoísmo que preside nuestra vida política.

Por ejemplo la uña de los independentistas se separa de la carne de las izquierdas; los amores de Ada Colau y Miguel Iceta, se han revelado efímeros. La una, se ha apresurado a soltar lastre constitucionalista y el otro, se ha apresurado a decir que la Colau de líder, no tiene nada.

Y lo mismo en el otro lado. Lo que antes era unidad por el bien de España, ahora se convierte en un ‘cada uno por su lado y que Dios reparta suerte’.

Está visto que las alianzas y los pactos están muy bien para tocar poder o para quitárselo a otros y es perfectamente legítimo que cada quién vaya a las urnas como le parezca mejor para sus intereses y con la idea de quedar colocado lo mejor posible para esos pactos y alianzas post electorales.

Es legítimo pero queda feo. Va a ser difícil que (es un suponer) los barceloneses traguen con eso de que han estado dos años gobernados por una alcaldesa que no vale para serlo y que, para colmo, se lo diga precisamente el responsable de que esté sentada en el sillón de la Plaza de San Jaime. O tiene su aquel, que los españoles se decidan a comulgar con la rueda de molino de que la unidad de los constitucionalistas es imprescindible para salvar la unidad de la patria y sus más queridas esencias y que ahora, de buenas a primeras, la unidad ya no sea ni tan patriótica, ni tan buena ni tan esencial.

Son cosas de la política o -por mejor decir- de los políticos, pero un poquito más de pudor vendría muy bien.

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