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Los resultados en Galicia y en Euskadi, con los éxitos de Núñez Feijoo y de Urkullu, parecen mostrar una nueva tendencia a votar trayectorias y gestiones personales, más que a siglas o a colores de partidos.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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La partitocracia no atraviesa en España uno de sus mejores momentos. La corrupción, las disputas internas y la situación de no gobierno que vivimos desde hace casi un año, contribuyen evidentemente a que los partidos políticos, como tales, atraviesen un periodo de crisis. Crisis de prestigio y crisis de confianza.

Las elecciones en Galicia y en el País Vasco, con los éxitos de Núñez Feijoo y de Urkullu, parecen ser el comienzo de una nueva tendencia en la que se vota a personas y no a siglas o colores. Las campañas de ambos ganadores, claramente la del gallego, han prescindido de sus respectivos partidos –o al menos no los han utilizado de manera preferente- aprovechando al máximo formas y maneras de gobernar, actitudes personales y moderación, todo lo contrario que líderes nacionales que vivaquean en política al amparo de siglas o de banderas autonómicas.

Aunque no es de esperar que el ejemplo cunda en partidos nacionales y en sus líderes, es esperanzador que los españoles pongan cara y trayectoria a los candidatos, a todos los candidatos, y no voten a ciegas a unas siglas en las que se camuflan nombres desconocidos de trayectoria vacía y sin más méritos que un carnet.

Claro es que en elecciones ‘pequeñas’, autonómicas o municipales, es más fácil personalizar porque los candidatos son más conocidos y más cercanos.

El mismo razonamiento puede predicarse de los que han fracasado. Los candidatos socialistas, incluso los de Podemos y no digamos los de Ciudadanos, tanto en Galicia como en Euskadi, no eran demasiado brillantes. Aquí tampoco las siglas han funcionado y sí puede haberlo hecho la destemplanza, el empecinamiento y las formas de algunos de sus líderes nacionales.

En cualquier caso, esa personalización de nuestra vida política es muy positiva por cuanto permite valorar gestiones y trayectorias personales y obliga a los candidatos a ‘dar la cara’ y a no camuflarse en listas o en siglas.

No estaría mal que cundiera el ejemplo en la política nacional y en elecciones generales.

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