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Tribuna libre

Por la boca… Galgos, podencos y, en medio, la ETA

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Estas implícitas batallas entre partidos a la primera y única que benefician es a la banda terrorista que va consiguiendo, paso a paso, sus objetivos

La ETA ha estado siempre en el centro de las polémicas partidistas. Todos hacen protestas de lucha contra el terrorismo; todos hablan con aparente, o real, dureza contra la banda; todos afirman eso de pudrirse en las cárceles; todos dicen con rotundidad que están a favor del cumplimiento íntegro de las penas y, cuando llega una época electoral, todos llegan a la conclusión de que no hay que meter a la ETA en la batalla electoral.

Mientras, se acercan presos, se legalizan siglas más o menos camufladas e incluso, como está ocurriendo, se da carta de naturaleza a reuniones internacionales que dejan mucho que desear a la vista de las anteriores afirmaciones.

Lo primero que hay que decir es que estas implícitas batallas -que en el fondo no son más que pirotecnia dialéctica- a la primera que benefician es a la propia banda terrorista que, mientras los políticos discuten si son galgos o son podencos, hace su agosto.

Es evidente que una de las estrategias de la ETA es la internacionalización de lo que ellos llamaban el ‘conflicto’ y que ahora se ha convertido en ‘proceso de paz’.

Las frases ampulosas de respeto a las víctimas y de que el proceso no puede acabar más que con la rendición incondicional de los que han asesinado, es decir con vencedores y vencidos, se transforman en un malabarismo macabro en el que todos se sientan -o al menos lo pretenden- a negociar ese pretendido final en igualdad de condiciones.

No es extraño que la presencia en San Sebastián de miembros del Partido Socialista de Euskadi levante ampollas, no sólo en el entorno de las víctimas sino en el seno del propio Partido Socialista Obrero Español.

Tampoco es extraño que también en plena campaña para las generales –y según las encuestas con todo perdido y de forma estrepitosa- el candidato socialista se agarre como un clavo ardiendo a un comunicado, a un gesto, a algo que le permita retrotraerse a sus tiempos de ministro del Interior y apuntarse el tanto de una hipotética pacificación.

Apurando mucho los distintos razonamientos podría concluirse que es normal que cada quién busque las rentabilidades políticas que crea conveniente y que intente sacar intereses, pero alguien debería darse cuenta de que, mientras tanto, la única beneficiada es la banda terrorista que está logrando paso a paso los objetivos marcados y respecto a los cuales nadie puede llamarse a engaño porque llevan siendo claros, diáfanos y perfectamente anunciados y difundidos desde hace mucho años.

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