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Tribuna libre

Por la boca… Huele a tongo

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El que más y el que menos se malicia que hay tongo y que lo que vaya a ser, está hecho entre Iglesias y Sánchez, desde hace más tiempo del que ambos dejan entrever.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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El análisis de lo que está pasando y de lo que pueda pasar en la circunstancia política que actualmente vive España, no es fácil, incluso aunque uno desconfíe de lo que dicen Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, porque si el análisis es problemático mucho más es creerse algo de lo que afirman o algo de lo que dicen que van a hacer.

Que no se olvide que la actual negociación viene precedida del ‘Podemos nunca estará en un gobierno presidido por un socialista’ o ‘nunca negociaremos nada con el populismo’. Afirmaciones mentirosas por cuanto los acontecimientos revelan, diáfanamente, lo contrario.

Por eso, tampoco hay que creerse las aparentes imposibilidades de que Podemos y el Partido Socialista lleguen a un acuerdo y, también por eso, las afirmaciones de una y otra formación son poco fiables, pura y simplemente, porque quienes las hacen tampoco son de fiar.

El que más y el que menos se malicia que hay tongo y que lo que vaya a ser, está hecho entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias desde hace tiempo. Entre el esmoquin de uno y el sincorbatismo del otro, las ruedas de prensa interminables y repetitivas, el sofá tipo Moncloa, el paseo entre periodistas y la escalera del fondo, hay un tufillo que apesta a tongo y a partido amañado.

Lo que pasa es que por la misma razón que es difícil fiarse de Iglesias y de Sánchez, es de suponer que ellos tampoco se fíen el uno del otro, por lo que el tongo puede ser un fiasco; que de lo dicho y pactado nada y que me devuelvas el retrato de mi madre y que no te quedes con nada de todo lo demás, que los ministerios me los quedo yo. Por eso el análisis es difícil y por eso los propios protagonistas están constantemente mandándose mensajes.

Y esa es, de momento, la transparencia de la que hablaba Pedro Sánchez y la nueva forma de hacer política de la que peroraba Pablo Iglesias.

Porque si, como decía Tierno Galván, las promesas electorales se hacen para no cumplirlas, las famosas líneas rojas del socialista y del podemita se trazan, única y exclusivamente, para disimular el tongo y, por supuesto, para pisarlas a las primeras de cambio.

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