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Por la boca… Madrid agujero famoso…

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En el Madrid de Carmena, los baches han desaparecido y hasta serían un oasis y un solaz para el machacado automovilista que se aventura, entre socavones y agujeros, por unas calles que ya han olvidado lo que es la “operación asfalto”.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Si Alimenón, el rey moro al que en el poema de don Nicolás Fernández de Moratín, Madrid, por entonces castillo famoso, aliviaba el miedo, se diera una vuelta por el Madrid de hoy, por el Madrid de Manuela Carmena, posiblemente no tuviera miedo, pero se creería que todo Madrid era el foso del castillo y se andaría con mucho tiento, para no destrozar el “ferrari” que conduciría en estos tiempos.

Porque la verdad es que la capital, el pavimento de la capital, es un puro agujero, un continuo socavón del que no se libra barrio alguno ni calle de esas de los cambios de nombre.

Es de suponer que los ediles -desde los que detentan el poder hasta los que pululan por los escaños de la oposición- están tan atareados, tan pendientes de los curricula de los vecinos, de las consultas a las bases, de los concursos de ideas, de las prohibiciones, de las obras para destrozar la Gran Vía, de los regalos chocolateros (seguro que en recuerdo de Paquito el del pasodoble) y hasta de las manifestaciones que nos rodean cada día, que no tienen tiempo de ocuparse de la otrora famosa “operación asfalto” y Madrid se ha convertido en una carrera de obstáculos, en un sortear constante de simas lóbregas y de cuevas inhóspitas en las que, en cualquier momento, puede caer el ingenuo conductor con el coche puesto.

En el Madrid de Carmena los baches no existen. Si los baches existieran, serían un oasis y un solaz para el machacado automovilista que se aventura en una selva de agujeros de distintas formas y tamaños pero de profundidades abisales, capaces de restar eficacia a ruedas, suspensiones, transmisiones y hasta huesos humanos molidos por los saltos y los sobresaltos.

Dicho lo cual habrá que concluir que el Madrid actual, el de los agujeros, posiblemente no aliviaría el miedo al famoso rey moro del poema aquel que don Nicolás Fernández Moratín tituló “Fiesta de toros en Madrid”.

Vamos, que tendría miedo hasta el moro Muza.

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