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Por la boca… Montoro: ¡Qué cruz!

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No es que Cristóbal Montoro tenga una cruz (y si la tiene, allá él) es que todos los españoles -incluido el gobierno del Partido Popular- tenemos una cruz con Montoro.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Ser ministro de Hacienda no debe de ser fácil. Siendo ministro de Hacienda, no caes bien a casi nadie. Siendo ministro de Hacienda no eres santo de la devoción ni de tus propios compañeros de Gobierno. Siendo ministro de Hacienda, al menor desliz, eres presa preferida de la oposición. Siendo ministro de Hacienda la demagogia se ceba en tu gestión. Pero si además de ser ministro de Hacienda, vas de prepotente y haces gala de una cierta chulería, lo tienes crudo. Y así le va a Montoro.

Si tienes mucho, Montoro te amnistía, aunque ahora vaya de ‘multero’ de ricos. Si tienes poco, Montoro te ignoro, salvo para lo de los impuestos indirectos. Y si eres de la clase media, date por jo…robado.

Cuando casi todos los políticos sueñan con una clase media potente que sea el esqueleto sano de la sociedad y que sirva de colchón entre los extremismos Montoro -entre elección y elección, entre aprobación de presupuestos y techo de gasto, y Europa y el IVA- se ha cargado la clase media y la ha dejado que no la conoce ni la madre que la parió y en un estado tal, que la recuperación va a costar años.

No es que Cristóbal Montoro tenga una cruz (y si la tiene será su problema) es que todos los españoles –incluido el gobierno del Partido Popular- tenemos una cruz con Montoro.

Su proverbial prepotencia y su inveterada chulería, hacen que su pretendido sentido del humor, al salir a pescar pececillos o cuando anuncia paladinamente que los impuestos se bajan al final de cada legislatura, sea un sarcasmo sin gracia alguna. Si a eso añadimos que Mariano Rajoy no hace gala de desenfado y jocosidad, la alergia que, según fuentes de Génova, empieza a sentirse en La Moncloa hacía el pescador ‘hacendoso’ es ostensible.

Hasta los inspectores de Hacienda están encalabrinados con la trayectoria de su ministro y lo pregonan a los cuatro vientos, lo cual no dice demasiado de la acción fiscalizadora que realiza el ministerio del ramo, ni de la eficacia de su titular en lo que ahora se llama gestión de recursos humanos.

Como diría el maestro Tip: Montoro, santo varón.

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