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Tribuna libre

Por la boca… Nerviosos y con miedo

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La situación de la gran mayoría de los ministros es la imagen viva del desconcierto, de los nervios y del miedo a hablar.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Por mucho que Mariano Rajoy se empeñe en aparentar normalidad, la situación de su Gobierno y, afinando más, de cada ministro, puede calificarse de casi todo menos de normal.

La gran mayoría de los ministros representan la imagen andante del desconcierto, de los nervios y del miedo a hablar.

Salvo la omnipresente –y hasta omnisciente- Soraya Sáenz de Santa María y las obligadas comparecencias de los responsables de la cosa económica, el resto de los ministros están desaparecidos y, cuando aparecen, callan o hablan con miedo, perfectamente apreciable, a decir lo que no deben o a meter la pata.

La comparecencia, el pasado viernes tras el Consejo de Ministros, del titular de Defensa para balbucear una explicación sobre no se sabe qué reorganización de su departamento, que por otra parte ya había adelantado la Vicepresidenta, es todo un ejemplo.

O cuando Ana Mato declara en una rueda de prensa que no se ocupa del estado de la infectada por Ébola porque esa es tarea de los profesionales, solamente cabe deducir que es el miedo a decir una inconveniencia lo que hace callar, porque es de esperar que la ministra de Sanidad se informe cada minuto de la situación de la enferma.

Y así no se puede gobernar por mucho que Mariano Rajoy se empeña en la normalidad y en el prurito de mantener un Gobierno a ultranza, como si una crisis fuera una deshonra o que el mantener un  Gobierno, toda una legislatura, fuera  un timbre de gloria política.

Todo es más sencillo. Si hay ministros que ya han terminado su recorrido o que no gozan de la confianza del Presidente o, sencillamente, que no han respondido a las expectativas creadas a su alrededor, se cambian y en paz. Pero esconderlos o que se escondan y que salgan a dar la cara ante la opinión pública con aire timorato y encogido, no es lo más deseable.

Es moneda de uso corriente admitida por todo el mundo, la desgraciada política informativa de este Gobierno. Lo es habitualmente y alcanza cotas insospechadas cuando surgen problemas. La llamada comunicación de crisis es técnica de uso corriente en empresas, organismos y hasta en personas individuales. Se dice que todo lo que puede pasar, pasa, y hay que estar preparado más allá de las previsiones normales.

Cuando se hacen las cosas mínimamente bien, se nota y se agradece, léase la creación de la comisión que preside Sáenz de Santa María para la crisis del Ébola.

Lo que ocurre es que cuando se hacen mal se nota mucho más.

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