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Por la boca… Patxi: y ¿qué?

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La candidatura de Patxi López no va a cambiar nada en la grave situación del Partido Socialista. Ni su trayectoria anterior, ni sus actos más recientes permiten augurar un cambio para mejor.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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En algunos conciliábulos de Ferraz han sacado a relucir aquellos chascarrillos que, los propios socialistas, hacían circular en la época en la que Patxi López regía los destinos de Euskadi desde Ajuria Enea. Aquello de ‘¿Patxi qué? Patxi nada’. Siguiendo con la broma podría decirse a la vista de la candidatura del político vasco a la secretaría general del Partido Socialista: Patxi, y ¿qué? Porque la aspiración de López no va a cambiar nada de la grave situación por la que atraviesa el socialismo. Ni su trayectoria anterior ni sus más recientes actuaciones, permiten augurar nada bueno para su partido.

Se especula con los motivos que le han impulsado a lanzarse al ruedo. Las razones pueden ser varias, pero ninguna hará que las aspiraciones de López logren mejorar los destrozos que Pedro Sánchez dejó.

Es lo mismo que sea un intento de Pérez Rubalcaba de cortar el paso a Susana Díaz. Da igual que lo que haya impulsado la candidatura sea la intención de impedir la reaparición de Sánchez o, simplemente, que Patxi López quiera volver a intentar una posibilidad que los socialistas ya le negaron en una ocasión anterior. La realidad es que no es el hombre que necesitan el PSOE por muy necesitado que esté.

Su paso por la Lehendakaritza fue todo menos brillante y no aportó solución alguna a los problemas del País Vasco, que seguían siendo los mismos a su marcha. La intención con la que el Partido Popular le apoyó –acabar con la hegemonía del PNV- a la vista está que no se cumplió. La situación del terrorismo, el problema de los presos y hasta las dificultades socioeconómicas de Euskadi, no variaron lo más mínimo.

Cuando ejerció la presidencia de las Cortes –hay que decir que en un período atípico- tampoco constituyó un hito que sirviera para algo más que agregar su efigie a la galería de retratos de presidentes.

Pero lo más llamativo de su andadura política quizás sea su actitud en la crisis a la que Pedro Sánchez llevó al Partido Socialista. Difícilmente se puede encontrar una postura firme, clara y definida. Todo ha sido una especie de nadar y guardar la ropa, un decir sin decir y un hacer sin hacer. Consiguió convencer a Sánchez para que abandonara, se abstuvo en la votación decisiva sin dar la cara y ahora, cuando se presenta, afirma que fue una equivocación permitir que gobierne Mariano Rajoy.

Elimina a Sánchez con las ideas y los planteamientos de Sánchez y con el equipo y la guardia de corps de Sánchez y lo hace sin el menor rubor. Y frente a la gestora exhibe un talante de socialismo extremo y visceralmente anti derecha que es, precisamente, lo que llevó a Pedro Sánchez al limbo político en el que, de momento, está.

Susana Díaz sigue haciendo de doncella pudorosa, pero si el único oponente es López, no lo tendrá muy difícil.

Y todo lo anterior contando con que Pedro Sánchez no se presente a las primarias.

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