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Tribuna libre

Por la boca… de Pilato a Montesquieu

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Mal anda el Poder Judicial. El asunto Troitiño ha levantado un vendaval, ese vendaval ha levantado las togas y ha dejado a muchas de sus señorías con las vergüenzas al aire.

La Semana Santa es propicia a las declaraciones y más si hay unas elecciones a la vuelta de la esquina. Pero, declaraciones aparte, la que hemos tenido en este 2011 se ha dedicado más a ir de Pilato a Montesquieu y de Montesquieu a Pilato, que de Pilato a Herodes y de Herodes a Pilato.

Mal anda el Poder Judicial. El asunto Troitiño ha levantado un vendaval, ese vendaval ha levantado las togas y, además de aventar el polvo del camino, ha dejado a muchas de sus señorías con las vergüenzas al aire.

Raro es el día en el que uno no se topa, en instancias superiores o inferiores, con sentencias, cuando menos, extravagantes. Y el ciudadano se queda estupefacto cuando un alto tribunal -o algunos de sus componente- no ven a la ETA dónde la ven todos los mortales y cuando otro alto tribunal excarcela -basándose en una jurisprudencia más que discutible- al responsable de veintidós asesinatos y cuando ese mismo alto tribunal, a los diez minutos, dice que se equivocó y que hay que encerrar de nuevo al que ellos mismos sacaron de entre rejas. O sea, Pilato.

Y lo que muchos se preguntan es dónde esta Montesquieu. Porque aunque Alfonso Guerra lo matara hace años, el pensador francés, ese que hablaba de algo tan esencial en una democracia como es la división de poderes, el famoso barón, anda ejerciendo sus teorías por muchos países de nuestro entorno en los que la división de poderes no es una entelequia, más o menos teórica, sino en los que se da la efectiva independencia del judicial y del legislativo y del ejecutivo, cada uno cumple su función y sirven, ese es el meollo de la cuestión, de contrapeso de unos para con otros.

En España no, en España la confusión es absoluta y en los tres poderes hace y deshace el partido que ha ganado las elecciones. O a menos eso es lo que muchos se huelen a la vista de lo que ocurre un día sí y otro también.

El legislativo depende de la mano de un señor en una u otra postura, y el judicial depende del dedo de otro señor señalando en un u otra dirección.

Y los españoles de preguntan, qué estará pasando en esos juzgados de ‘menor cuantía’ en los que -lejos de los altos tribunales y sin que sus decisiones sean noticia de primera página- se dirimen cada día pleitos que, para su vida habitual, son fundamentales.

Porque si pasa lo que pasa en los altos tribunales, en los de abajo ¿qué se hará?

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