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Por la boca… Presupuestos en el aire

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El gobierno necesita apoyos que no son baratos ni fáciles de conseguir, por mucho que los populares aparenten un cierto triunfalismo basado fundamentalmente en los problemas ajenos.



Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Por mucho que Mariano Rajoy apunte a completar la legislatura, o que en el Partido Socialista hagan lo contrario de lo que dicen –porque no está para bollos el horno de Ferraz- lo cierto es que el fantasma de unas nuevas elecciones –de un 2 de Mayo, que diría un castizo- sigue sobrevolando la vida política en estos comienzos de año.

Desde Carlos V, incluso antes, los presupuestos o la petición de dinero a los representantes en cortes, ha marcado la trayectoria política de cualquier gobernante. Que en ayuntamientos, autonomías y en el propio gobierno central, haya que prorrogarlos por la imposibilidad de sacar adelante unos nuevos, es simplemente un recurso pero no es lo mejor ni lo más deseable.

Una prórroga supone siempre una paralización de la vida política y la sensación del ejecutivo de tener las manos atadas.

En el Partido Popular hay un cierto triunfalismo derivado más de las vicisitudes de los otros que de la propia excelencia. Es innegable que los populares son los únicos que se encuentran en una situación interna estable. Por ejemplo, la situación de Cospedal, en la secretaría general, es una minucia comparada con la que está cayendo en el socialismo, con la esperanza cada vez más desesperanzada de Podemos en Vistalegre, o de la inopia en la que se ha instalado Ciudadanos, pero ese triunfalismo se convierte en inquietud cuando de analizar la situación política general se trata.

El Gobierno necesita muchos apoyos, esos apoyos son caros y no siempre seguros, y gobernar de esa forma no es fácil. Por mucho que el presidente y los ministros hablen de diálogo y de consenso, para que haya diálogo y consenso hay que dialogar y consensuar (valga la perogrullada), y cada vez se hace más problemático.

Hay que esperar al futuro impredecible del congreso del Partido Socialista; mientras, no se puede enfadar a Ciudadanos y hay que conquistar a los nacionalistas sin bajar la guardia antes sus pretensiones.

Todo tiene una cierta sensación de inestabilidad por más que Rajoy se esfuerce en aparentar aplomo y tranquilidad.

El arma que tiene en la mano y la constante amenaza de convocar elecciones, es un arma de ida y vuelta, aunque las encuestas le sean favorables.

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