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Tribuna libre

Por la boca… Rubalcaba en sus trece

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El único que lo expresa claramente es Tomás Gómez pero el que más y el que menos apuesta por un cambio de caras al frente del Partido Socialista.

Por mucho que lo disfrace de 'oposición dura', la situación de Rubalcaba se hace, por momentos, insostenible. Insostenible al menos para alguien que no fuera Alfredo Pérez Rubalcaba.

En el reciente encuentro con los barones regionales y con los prebostes del partido ha quedado meridianamente clara la desunión de los socialistas y las ganas –expresas o tácitas-que tienen muchos por cambiar de líder.

El único que lo expresa claramente es Tomás Gómez, pero el que más y el que menos apuesta por el cambio de caras al frente de la formación socialista.

En Ferraz hay opiniones para todos los gustos pero es curioso que lo que más abunda es la opinión, eso sí soterrada, de que les pille un adelanto electoral con el trasero al aire. De ahí la prisa de casi todos por intentar remodelar el partido lo antes posible. Es curioso que se hable de personas y no de ideas, pero es que las ideas son, por lógica, las mismas de las pasadas elecciones y con ese planteamiento, hay poco que hacer a menos a corto y medio plazo.

Los más serenos se inclinan por un replanteamiento a fondo de ideas, de la forma de presentarlas a los electores y siempre dando por descontado el cambio de líder.

Pero el líder se atrinchera y se camufla tras la promesa de una oposición más dura e incluso de la necesidad de un cambio en la Constitución. Por enredar para ganar tiempo que no quede y en eso Pérez Rubalcaba es un auténtico maestro.

Que Rubalcaba está rebasado por su propio partido es palmario y son muchas las voces que, en Ferraz y fuera de Ferraz, aconsejan una buena retirada.

Por otra parte, no hay que echar en saco roto las siempre sibilinas actuaciones públicas de Felipe González. El ex presidente no da puntada sin hilo y va a lo suyo, por más que lo suyo no siempre coincida con lo del partido.

En esas condiciones Rubalcaba resistirá todo lo que pueda y siempre tendrá un as en la manga.

Tiene suerte el secretario general de los socialistas. Ahora por la izquierda pretende salirle el grano de Cayo Lara, que más que un grano es una espinilla que se quita en un abrir y cerrar de ojos.

Además tiene la enorme fortuna de que el único opositor que da la cara es Tomás Gómez y eso, por definición, es una garantía de permanecer casi de forma vitalicia.

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