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Tribuna libre

Por la boca… Síndrome de elecciones

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Puede ser normal el síndrome electoral, cuando toque, pero ya no es tan normal el síndrome de elecciones que paraliza un país, encoge la vida política y provoca que cualquier circunstancia sea vista bajo el prisma de las urnas.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Estamos en pleno síndrome de elecciones. El síndrome de elecciones es distinto que el síndrome electoral que sería más reducido en el tiempo y sucedería de forma casi simultánea a las elecciones propiamente dichas.

El síndrome de elecciones es algo distinto. Se arrastra meses y meses y lo inunda todo. Ya en el último trimestre del año pasado se nos anunciaba constantemente, a bombo y platillo, que entrábamos en año electoral y todos nos aprestábamos a aguantar la tormenta.

Con esto de las elecciones pasa como con las luces y las compras de Navidad, cada vez se adelantan más. No es que se adelanten las elecciones –que también- es que cada vez  se nos ‘amenaza’ antes con la posibilidad de unos comicios.

Entre las que ya tocaban y las que se convocan con adelanto –unas con fecha como en Cataluña y otras posibles como en Andalucía- el síndrome de elecciones está más que justificado.

Proliferan las encuestas; las encuestas ponen a los políticos –para bien o para mal- de los nervios; los nervios hacen que los políticos multipliquen su presencia y la multiplicación hace que se desboquen las declaraciones; las declaraciones pueden reflejarse en las encuestas y vuelta a empezar. Y así meses y meses.

Puede ser normal el síndrome electoral, cuando toque, pero ya no es tan normal el síndrome de elecciones que paraliza un país, encoge la vida política y provoca que cualquier aspecto de ese país o de esa vida política, sea vista bajo el prisma de las urnas.

Es difícil encontrar en los discursos de los mítines, en las declaraciones a medios de comunicación social y hasta en ‘las inauguraciones de pantanos’, algún párrafo, algún pasaje, que no sea directamente inspirado por el síndrome de las elecciones.

Da lo mismo que se presente una grave situación de terrorismo internacional, una reforma legislativa o un caso llamativo de corrupción doméstica, todo será examinado con el microscopio de las elecciones.

Hasta uno de los reproches de uso corriente entre políticos, es acusarse de que algo que han hecho. Lo han hecho en clave electoral.

Además está la situación interna de los partidos y de sus dirigentes que difícilmente respiran algo más que no sean candidaturas y puestos en las listas.

De cara a la gobernanza de un país, de cara a la oposición al gobierno de turno y, sobre todo, de cara a las expectativas que puedan tener los ciudadanos de a pie, el bagaje no puede ser más pobre.

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