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Por la boca… Las broncas de Manuela Carmena

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Algunos lo llaman ocurrencias, pero no se entiende muy bien el afán de la alcaldesa, por fastidiar (ver sinónimos) a padres y madres de familia, universitarios, aspirantes a toreros o vendedores de bufandas futboleras.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Los hechos –algunos lo llaman ocurrencias- de Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, hablan por sí solos. Al parecer una de sus habilidades es encalabrinar a la gente, tras fastidiarla (ver sinónimos se fastidiar) con alguna de esas ocurrencias.

La alcaldesa tiene fastidiados (ver sinónimos de fastidiar), por orden más o menos cronológico, a las madres de familia a las que quería poner a limpiar los colegios de sus hijos; a ciertos colectivos que protestaron de que solamente se pusiera a limpiar a las madres y no a los padres; a empresas de limpieza y a empleados de esas empresas que ven peligrar sus negocios y sus puestos de trabajo; a las grandes superficies a las que discrimina en el asunto de los impuestos; al mundo de los toros, aspirantes a toreros y aficionados en general, que ven como la alcaldesa pretende acabar con la escuela ‘Marcial Lalanda’ y además quitarles la posibilidad de seguir en la Venta del Batán; a los universitarios –hagan o no hagan ‘botellón’ a los que también quiere pone a limpiar y ahora, sus últimas víctimas, son los vendedores y sus tenderetes aledaños a los campos de fútbol, a los que aleja de las puertas de los estadios con su bufandas sus camisetas y sus trompetas.

Todo un record el de esta señora, de la que es ostensible su cara de pocos amigos y que, cuando sonríe es peor, ganado a pulso a base de fastidiar (ver sinónimos) al prójimo, ya sea limpiador, padre de familia, aspirante a matador de toros o vendedor de bufandas futboleras.

Y lo peor de todo es que no se sabe ni el por qué ni el para qué de esta afición a ‘hacer amigos’. Ni son iniciativas que estuvieran en el programa electoral de la formación que la llevó a la alcaldía, ni tampoco se aprecia la necesidad urgente de cargarse una escuela taurina, de poner a limpiar a los universitarios o de  alejar a los vendedores de su sitio natural.

Ni estas decisiones aportan nada, ni mejoran Madrid en nada. Estaríamos hablando de un gobierno municipal cuando menos inane, escasito de  fondo y que está demostrando el vacío real de las hipotéticas ideas que llevaron a Manuela Carmena a ser alcaldesa de la capital. Ideas que, salvo la de las servilletas de los bares, siempre perjudican a alguien.

Y que no se suponga que es problema de ideología. Se puede pensar en uno u otro sentido, ser de izquierdas o de derechas o ácrata o de centro, lo que no se puede ser es estulto y la alcaldesa lo es, políticamente, por supuesto.

Hay quien dice que ese afán, tan suyo, de fastidiar (ver sinónimos), podía emplearlo la señora Carmena con gentes que tiene cerca, por ejemplo el estudioso del humor negro que se sienta en su equipo de gobierno.

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