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Tribuna libre

Por la boca… La calle entre falacias y bromas

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Si los ciudadanos nos creemos lo del referéndum puede ser una falacia. Si no nos lo creemos, es simplemente una broma.

Si alguien dudaba, la noche electoral, de lo que iba pasar en cuanto se conociera la mayoría absoluta, saldría de sus dudas a las pocas semanas de gobierno del Partido Popular, habrá salido en estos meses o estará saliendo en estos días.

Que la izquierda española, tradicionalmente, en cuanto pierde en las urnas intenta ganar la calle, es algo que se está demostrando ahora y que se ha demostrado a lo largo de nuestra ya no tan reciente historia democrática. Los métodos pueden cambiar –si es que cambian- pero el objetivo es el mismo.

Las cosas que nos cuentan y nos dicen los políticos merecen pocos calificativos. Una división podría ser esta: si los ciudadanos se creen lo que dicen y actúan en consecuencia, se trata de una falacia. Si los votantes no se creen lo que les cuentan puede llegar a ser una broma.

Abrió la caja de los truenos el propio Alfredo Pérez Rubalcaba cuando dijo –con su acostumbrada y fingida tartamudez- aquello de que el Partido Popular había perdido la legitimidad de la calle. Es decir, que la legitimidad alcanzada en las urnas, con una más que holgada mayoría absoluta, se pierde en pocos días tras alguna de las manifestaciones más o menos numerosas y más o menos orquestadas. De creer a Pérez Rubalcaba estamos ante una falacia. Si no tragamos, se trata de una broma.

Y así de manifestación en manifestación, hasta la victoria final que para estos demócratas –no sabemos de qué democracia- es la huelga general. Una huelga general en la que nadie –ni ellos- cree, que dada la situación y la mayoría que tiene el Partido Popular no va a servir de nada, pero que Fernández Toxo ha recogido de manos de Pérez Rubalcaba y está usando como banderín de enganche, por un lado, y para justificar su sueldo por otro. 'O el Gobierno rectifica o vamos a la huelga general porque el pueblo tiene que tener voz'.

Y esa voz en opinión de UGT y CC.OO es nada más y nada menos que un referéndum. El Gobierno que, hace menos de un año, obtuvo la confianza de la gran mayoría de los españoles tiene que darles voz mediante un referéndum para que aprueben o no, su gestión política.

Y que nadie piense que hay que cerrar filas dada la situación que atravesamos, que también. El problema es que, quienes han perdido, no saben estar en la oposición. Es legítimo que el partido o los partidos de la oposición aprovechen cualquier debilidad de la formación que gobierna para ir minando su base y sus apoyos de cara a los próximos comicios. Pero hacer una oposición a base de, o referéndum, o huelga no es honrado.

Además, dicho por quién está dicho invita a la broma. Si no fuera broma sería un chantaje.

De momento es más broma que falacia.

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