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Tribuna libre

Por la boca… Es la democracia, imbécil

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Son muchas las cosas que nos jugamos en Europa y muchos los ojos europeos que están sobre nuestras autonomías. Ahora la pelota está en el tejado de Rajoy y de Rubalcaba.

Imbécil, en general, y sin el menor ánimo de señalar.

Ahí están los resultados electorales de Andalucía y de Asturias y poco más hay que decir. Los análisis a priori se han revelado ridículos y los análisis posteriores son absolutamente inútiles. Elucubrar a estas alturas lo que pensaba un bracero andaluz a la hora de depositar su papeleta el 20-N y lo que cavilaba al votar el 25-M es, cuando menos, un ejercicio ocioso. Y lo mismo ocurre con los análisis de las votaciones –ten repetidas ellas- para el Principado de Asturias.

Así es la democracia y esa es su corona y su cruz. Un hombre un voto. Voto secreto, en sobre cerrado y cada uno con sus cadaunadas –frase que según se afirma dijo en cierta ocasión Miguel de Unamuno- hace y deshace políticos, escaños, ilusiones o frustraciones.

Los que sí deben analizarse, analizar sus campañas y analizar las actuaciones de sus propios partidos -tanto si gobiernan como si están en la oposición- son los propios políticos que verán si han de variar el rumbo y corregir los itinerarios que se habían trazado de antemano.

Y los ciudadanos. También los españoles deben reflexionar sobre lo que supone que la izquierda siga gobernando en Andalucía o que la derecha pueda hacerlo en Asturias. Son muchas las cosas que nos jugamos en Europa y son muchos los ojos europeos que están sobre nosotros –más concretamente sobre nuestras autonomías- para que tomemos los resultados a beneficio de inventario.

Lo queramos o no, Rajoy y Rubalcaba van a tener que entenderse al menos en lo de los ‘servicios mínimos’. Servicios mínimos que pasan por una política de estado, por un cierto consenso y por conseguir dar en Europa una imagen de seriedad ajena y lejos de vaivenes electorales. El resto pueden hacer lo que les venga en gana con su poder y con sus votos, siempre y cuando ese gran pacto esté ahí y se respete.

Aunque no lo parezca la pelota está ahora en manos de Génova y de Ferraz; todo lo que se salga de ahí no va a ser bueno, porque desde Génova y desde Ferraz hasta se podrían limpiar las aguas malolientes de España que tan preocupado tienen al ‘hereu’ Oriol Pujol.

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