Jueves 19/10/2017. Actualizado 08:07h

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Tribuna libre

Por la boca… Con la escopeta cargada

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Hay demasiada gente con la escopeta cargada apuntando a la monarquía que, de momento, es la forma de Estado que nos hemos dado la mayoría de los españoles.

Llevamos una temporada con la cosa cinegética que uno no se explica cómo los antitaurinos no hacen otra vez el ‘paseillo’ y se dedican a intentar que se prohíban las escopetas. La caza es una afición muy real. Desde tiempo inmemorial los reyes tenían sus ‘cazaderos’, sus pabellones de caza y dedicaban los ocios al ejercicio cinegético, normalmente cerca de la capital del reino y, además, los desplazamientos solían ser junto con el valido de turno y la corte en pleno, incluidos los bufones, con lo que la cosa quedaba más o menos ‘en familia’.

Ahora con la facilidad de las comunicaciones, la rapidez de los aviones privados y la globalización, las cacerías ya no se quedan en familia; se va con amigos, el valido ya no existe y ahora hay un jefe de Gobierno elegido democráticamente. Tampoco hay demasiada corte y la familia se desperdiga con facilidad.

Lo único que permanece son los bufones aunque en vez de divertir a los reyes atacando a los plebeyos se dedican a divertir a los plebeyos atacando a los reyes. Hay bufones para todos los gustos y para todos los medios de comunicación, y todos se apresuran a echar su cuarto a espadas –o a escopetas- hablando y cantando las maravillas de la república. Los bufones van desde las alcaldías desde cuyos edificios consistoriales hacen ondear banderas republicanas hasta quienes se disfrazan –es decir se quitan la corbata- para las correspondientes manifestaciones conmemorativas ‘en fecha tan señalada’ o aconsejan directamente abdicaciones que no se sabe a qué criterio responden.

Hay demasiada gente con la escopeta cargada apuntando a la monarquía que, por otra parte, se presta con demasiada y constante generosidad a servir de blanco.

Hay deslices y deslices, conductas y conductas, y para eso hay que reconocer que la gente de la calle tiene más sensibilidad que los bufones. Pero, en cualquier caso, el sentido de la oportunidad en la Jefatura del Estado empieza a ser el menos común de los sentidos.

Y eso anima el cotarro, prepara las dianas y pone los dedos sobre los gatillos.

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