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Tribuna libre

Por la boca… La guardia bien alta

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No sería bueno que nadie –el Gobierno menos- piense que la manifestación del domingo en Barcelona ha cambiado algo en la forma de pensar y de actuar de los independentistas.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Tras la masiva demostración contra la independencia de Cataluña que sucedió en las calles de la Ciudad Condal, muchas campanas se han echado a voleo. Es normal porque una manifestación de esas características cualitativas y cuantitativas no se había dado nunca, pero no debe hacer que, quienes tienen la obligación de parar a los que quieren separar a Cataluña del resto de España, bajen la guardia.

No sería bueno –y menos que lo hiciera el Gobierno de Mariano Rajoy- pensar que las cosas han cambiado, desde el pasado domingo, en la forma de pensar y de actuar de Puigdemont y de sus seguidores.

Los menos sorprendidos por lo que sucedió en Barcelona son, precisamente, los independentistas y el gobierno de la Generalidad. Porque los Puigdemont, los Junqueras o las Forcadell, saben perfectamente que son mayoría los catalanes que no quieren la independencia, que son mayoría los catalanes que rechazan su gestión, que son mayoría los catalanes que no votaron en el pseudoreferendum y que son mayoría quienes se sienten catalanes y españoles.

Y porque lo saben, han montado el chantaje permanente a los ciudadanos, el terror cultural, la dictadura en la enseñanza y el sistema totalitario que hoy impera en Cataluña.

Diga la mentira que diga Carlos Puigdemont, proclame lo que proclame y cómo lo proclame , aparte de no creerle una palabra, habrá que mantener la guardia alta.

Es muy significativo que desde el gobierno de Cataluña se hable de treguas, de mediación y de diálogo. La tregua, el diálogo y la mediación, forman parte de la gran mentira del independentismo pero, aun así, además de trampas, pueden ser síntomas de que en la Plaza de San Jaime, flaquea la seguridad en el final del camino. Pero que acontecimientos como la huida de las empresas o la manifestación, hayan hecho mella en los separatistas no está tan claro porque era algo con lo que contaban desde el principio, aunque trataran de ocultarlo a sus seguidores.

Cuando un político, envuelto en la mentira, tiene que mantener el tipo ante quienes han creído en él, se hace más peligroso que nunca.

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