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Tribuna libre

Por la boca… Aquí han pasado cosas

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Es absurdo que Pedro Sánchez y Albert Rivera intenten mirar para otro lado como si aquí no hubiera pasado nada y se empecinen en sus errores de los pasados seis meses.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Salvo Mariano Rajoy que -a pesar de los pesares, y los pesares son muchos, ha ganado las elecciones y lo ha hecho con una cierta brillantez, comparados sus resultados con los del pasado diciembre- los otros tres partidos, con sus líderes a la cabeza, han sufrido una derrota en toda la línea.

Es absurdo que, salvo Podemos que acepta la decepción, el Partido Socialista y Ciudadanos intenten maquillar lo que ha pasado y que Pedro Sánchez y Albert Rivera sigan haciendo y diciendo como si aquí no hubiera pasado nada y ambos se empecinan en sus errores de los pasados seis meses.

Pedro Sánchez -y con él todo su equipo y el Partido Socialista- ha vuelto a fracasar y se ha superado a sí mismo cosechando aún peores resultados que en diciembre y ha batido nuevamente el record de la peor cifra electoral obtenida en la historia. Que se diga en su defensa que ha evitado el adelantamiento de Podemos y que Susana Díez le descabalgue de la secretaría general del Partido Socialista, es una falacia. El oxígeno suele administrarse a los moribundos que se ahogan y hay mejorías falsas que solo anuncian el final.

En estas condiciones Sánchez se empecina y dice su portavoz Antonio Hernando que de ninguna forma van a favorecer que pueda gobernar Mariano Rajoy. Si es una decisión política ya está bien de tomar el pelo a los españoles y ya basta de hacernos comulgar con las ruedas de molino de no respetar las decisiones y los resultados de las elecciones. Si se trata de una pataleta infantil de un ‘no te ajunto’ de niños de primaria, alguien debería tomar cartas en el asunto y poner a Pedro Sánchez en su sitio, que, a lo mejor, está más allá de la oposición.

Albert Rivera es quizás una de las esperanzas mejor frustradas de nuestra democracia. Su situación es el constante quiero y no puedo y ahora la ha tomado con la ley electoral que es lo mismo de mala y de injusta que hace seis meses cuando Rivera sacó 40 escaños.

Vuelve Rivera dónde solía y nos `torra´ con la cantinela de que quiere reunirse para hablar de reformas y no de sillones. Pesado y falaz. En primer lugar una reunión a tres en plano de igualdad es, cuando menos, ridícula a la vista de las cifras. En segundo lugar los ‘sillones’ es algo que está previsto en nuestra Constitución y el propio Rivera, como todos los candidatos, no se presentó a unas elecciones para que le eligieran como interlocutor en una reunión, sino para que los votos de los ciudadanos le sentaran en el sillón de presidente del Gobierno. Claro que hay que hablar de sillones y de quiénes y por qué los ocupan.

Ambos recurren a la gran mentira de querer quedarse en la oposición y dejar ‘generosamente’ a Rajoy la responsabilidad de formar Gobierno, cuando los dos deberían saber que sin su decisión de votar o de abstenerse, ni siquiera habrá oposición.

Y Podemos con un Errejón de ‘morros’, un Iglesias descompuesto y un Echenique decepcionado que, al menos, han tenido la valentía de aceptar la derrota. Podemos es una amalgama de idas y venidas ideológicas que se ha estrellado de plano contra sus propios sueños y que se han creído la mentira de que los españoles quieren un cambio, que el cambio es el comunismo y que el cambio son ellos.

Pero su decepción viene dada por sus ‘cuentas de la vieja’ y una especie de cuento de la lechera que se montaron ayudados por los institutos demoscópicos, sin darse cuenta de que tenían unos ayuntamientos en franca bancarrota de votantes, por mucho que gobiernen, y por un programa que presentaba propuestas más difíciles de armar que un mueble desmontable.

Que aquí ha pasado algo es evidente. Lo saben los cuatro líderes y los cuatro deben aplicarse el cuento de afrontar la responsabilidad que contrajeron al presentarse como candidatos.

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