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Por la boca… La pleitesía de los bajitos

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Demasiado ruido para nogales tan escasos de fruto. Demasiado jaleo por la actitud de una alcaldesa de fracasada gestión y para la inútil trayectoria de un frustrado presidente de un parlamento autonómico.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Cuando alguien no da la talla, suele ser algo de carácter global que afecta a la totalidad de la persona. No hay más que examinar la gestión de la actual alcaldesa de Barcelona, para concluir que su paso por el Ayuntamiento de la Ciudad Condal se recordará como una de las peores etapas de la capital de Cataluña.

Y por lo que a la presidencia del parlamento de aquella autonomía se refiere, no se puede decir lo mismo por la sencilla razón de que el vigente titular no ha hecho nada, ni bueno ni malo, por lo que a las atribuciones de su cargo atañe, porque dedicarse a visitar huidos de la justicia en un país extranjero o a dar mítines en actos institucionales de un colegio de abogados, nada tiene que ver con la función que se supone ha de desempeñar el presidente un legislativo.

Pero pese a todo, las decisiones de estos dos sujetos, en relación a la visita del Rey de España a Barcelona, con ser incalificables, han despertado demasiado ruido y el ruido no es para tanto, sobre todo cuando es provocado por las acciones de persones de talla bajita.

Demasiado ruido para nogales tan escasos de fruto. Demasiado jaleo por la actitud de una alcaldesa de gestión fracasada y para la trayectoria inútil de un frustrado presidente de un parlamento autonómico.

Ni el congreso va a ser menos congreso, ni Barcelona va a ser menos Barcelona, ni, por supuesto, el Rey va a ser menos Rey por la pataleta de estos dos personajes.

El argumento de la pleitesía para no recibir al Rey y la coartada de la educación para no perderse la cena, no se sostienen en pie por más que vayan acompañados de cacerolas ruidosas,

En otras circunstancias, o si las pretendidas ofensas a la Monarquía vinieran de otras procedencias, podrían ser más trascendentes y hasta tener un punto de gravedad, pero viniendo de donde vienen, incluida la exigencia de que el Rey pida perdón por defender la Constitución, no merecen mayor consideración.

Porque ¿mira que si la talla política también fuera mental?

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