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Por la boca… Todo es posible

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Hay que tener mucho cuajo para ser el organizador de la fiesta del Madrid Arena y con los cadáveres aún calientes montar otra fiesta masiva para fin de año.

Por encima de las leyes, de la iniciativa privada y del derecho de cada uno a ganarse la vida como pueda está un mínimo de lógica, de pudor público y de decencia colectiva. Hay que tener mucho cuajo para ser el organizador de la fiesta del Madrid Arena y con los cadáveres aún calientes montar otra fiesta masiva para fin de año.

Es muy difícil que la opinión pública acepte sin más ni más que un alcalde 'va a hacer todo lo que pueda para que la fiesta no se celebre en su municipio' o que la delegada del gobierno en Madrid se limite a calificar de inmoral el intento.

Es posible que desde el punto de vista legal no se pueda impedir la celebración de la fiesta por parte de las mismas personas y de la misma empresa, pero va a ser mucho más difícil explicar que esa fiesta goza de todas las autorizaciones administrativas para llevarse a cabo.

Algo falla en nuestra sociedad y por supuesto en nuestra administración cuando quienes nos gobiernan carecen de las armas legales para prohibir algo semejante. No se trata ahora de discutir culpables, de sacar a relucir responsables o de exigir cuentas, se trata de eso, que de forma tan cursi se alega a veces, 'la alarma social'. Y alarma social tiene que impedir que se pueda organizar esa fiesta el día 31 de diciembre.

Se dice que la venta de entradas va viento en popa. Si tenemos en cuenta que, hasta ahora, en la promoción ni se anuncia el sitio de celebración, hay que concluir que todo es posible en un país en el que la gente se pega por seguir asistiendo a ese tipo de fiestas, en el que los responsables de la anterior, que acabó con varias muertes, organizan otro sarao y en el que las autoridades tienen, al parecer, las manos atadas para poder prohibir algo semejante.

No se trata de hablar de sociedad enferma, pero al menos sí de una sociedad que debería hacerse una revisión a fondo.

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