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Tribuna libre

Por la boca… El puedo y no quiero

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Entre anécdotas, ocurrencias y barrabasadas, el programa de Podemos no aparece por ningún lado y llegar al verdadero fondo de su oferta política no es nada fácil.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Cada vez que Podemos, intenta una acción seria, quedan al aire muchas de sus vergüenzas. Cuando se trata de mítines callejeros, de comparecencias cómodas y ‘en zapatillas’ en televisiones concretas y cuando sus voceros se sitúan a ‘favor de obra’, todo va bien y hasta puede parecer que todo es posible. Pero cuando hay que ponerse serios, organizar una formación, preparar unas propuestas o definir un programa electoral coherente, las cosas cambian y aparecen las carencias de quienes  todo lo solucionan a golpe de ocurrencia.

En las reuniones –o congreso- de este pasado fin de semana en Vista Alegre, las escaseces de los presuntos líderes han quedado bien patentes para propios y extraños.

Si hay que sopesar lo que Podemos ofrece, habrá que olvidar las anécdotas o las ocurrencias, para ir al fondo de esa oferta política. Porque anécdota es la discrepancia sobre si el liderazgo tiene que ser de uno o de tres; anécdota es que alguien se postule como el ‘único capaz de ganar a Rajoy y a Sánchez’; anécdota es que alguien, afín al marxismo, afirme rotundo que ‘el cielo se toma por asalto’ y anécdota es que se pida a la concurrencia un aplauso irónico para los medios de comunicación. Anécdotas y poco más.

Y si hay que calibrar el presunto programa de Podemos, ocurrencias son, la semana de 35 horas, la jubilación a los 60 años, el incumplimiento del pago de la deuda o la mención al macho alfa, cuando en una formación política se está hablando de algo tan serio como el liderazgo.

Si alguien quiere llegar al fondo de la oferta política de Podemos, no lo va a tener fácil. Hay poco más que humo y hasta –puede concedérseles- poco más que buenos deseos. Entre anécdotas, ocurrencias y barrabasadas, el supuesto programa se queda en nada y las posibles acciones de regeneración de la vida política y de la democracia, se diluyen en iniciativas cada vez más parecidas a las que tiene ‘la casta’  con la que Podemos se propone -¿o se proponía?- acabar.

Parece que Podemos quiere poder, pero no puede poder. Es el quiero y no puedo. O, lo que sería más grave,  el quiero pero no sé si lo que quiero es lo que hay que hacer y ni siquiera sé si podré hacerlo.

Juegos de palabras aparte, los podemos de Podemos se están quedando en nada, por mucho miedo que, según Pablo Iglesias, se les tenga en algunos ámbitos.

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