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Tribuna libre

Por la boca… No somos tontos

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Dice la escritora Soledad Puértolas -y dice bien- que ‘además de votar pensamos, pero creen que somos tontos’.

 Es evidente que nuestros políticos, crean o no que somos tontos, para lo único que nos quieren es para votar y, en consecuencia, viven las 24 horas del día en un estado permanente de ansiedad electoral.

España es una partitocracia de libro y, como el único fin –loable por otra parte- de un partido político es alcanzar el poder y que no lo logre el adversario, a partir de ahí, todo cuanto dice y hace un político, está siempre en clave electoral.

Ya puede ser una entrevista más o menos desenfadada o unas declaraciones de alto standing político o ideológico, al sujeto dedicado a la política le dará igual y todo estará dedicado a la obtención de votos y a perder la menor cantidad posible de sufragios.

Los silencios, por ejemplo los clamorosos que ha gestionado Rodríguez Zapatero con motivo de los asuntos de Melilla; las tan cacareadas declaraciones y las comparecencias públicas, por ejemplo protagonizadas por Rodríguez Zapatero una vez producida la vuelta casa de los rehenes catalanes; por ejemplo las respuestas de Leire Pajín en relación a sus hipotéticos ligues con algún miembro del Partido Popular; por ejemplo las muy medidas palabras de Pérez Rubalcaba tras los asesinatos de españoles en Afganistán o las ruedas de prensa de la vicepresidenta De la Vega después de los Consejos de Ministros, están realizadas única y exclusivamente con vistas a la captación de votos y a no meter la pata y que la metedura pueda restar adhesiones.

Y en esa misma línea está todo lo que hace y dice Soraya Sáenz de Santamaría o los alegatos antigobierno de Esteban González Pons y las campañas de Tomás Gómez y de Trinidad Jiménez y hasta las respuestas a esas campañas de Esperanza Aguirre.

Votamos, y seremos más o menos listos o más o menos tontos, pero un poco hartos sí que estamos. Hartos de tanta palabrería barata sin base alguna y, sobre todo, hartos de que los partidos políticos estén permanentemente enzarzados en una estéril batalla por nuestro voto.

Se reprochan unos a otros la falta de ideas o que, en plena crisis, no se arrime el hombro, pero esos reproches van a la papelera en cuanto se trata de dirigirse a nosotros los tontos y así la presencia de la vicepresidenta primera en la sala de prensa de La Moncloa, bien podría celebrarse en la calle Ferraz, puesto que más que una referencia del Consejo de Ministros, parece la de un comité federal del Partido Socialista.

Y lo mismo las presencias ante los periodistas de portavoces de los populares Todo se reduce a separar el hombro y arrimar el ascua a la sardina de las urnas.

Mientras llegan las elecciones todo es campaña y cunado llega la crisis, todo son reproches mutuos de una esterilidad desesperante. 

Es igual que haya elecciones a la vista o que se vean lejanas en el tiempo, la actitud es la misma. Y esa es la costumbre y a esa costumbre estamos atados sin remedio.

Y tontos o no, a votar cuando nos digan. 

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