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Tribuna libre

Por la boca…Cursis e ineficaces

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A la vista del fracaso de las negociaciones entre sindicatos y empresarios, con vistas a la urgente reforma laboral, es difícil no hacerse la pregunta de que para qué sirven unos y otros.

Los sindicatos y los empresarios no han conseguido ponerse de acuerdo en el asunto de la reforma laboral. Mariano Rajoy les había dado un plazo incluso antes de tomar posesión de la presidencia del Gobierno, plazo que se amplió, y ni por esas. La ineficacia está servida.

Esa cursilería -no sé quién fue el primero en emplearla, pero me gustaría conocerlo- de los 'agentes sociales', está visto que no da resultado. Que con cinco millones de parados, ni los empresarios ni los sindicatos, sean capaces de buscar y encontrar puntos en común para una reforma laboral, por básica que sea, es preocupante.

Lo primero que surge en la mente de quien observa semejante desatino es la pregunta de para qué nos sirven esas organizaciones. Por ejemplo habría que preguntar a muchos trabajadores cuál es su opinión sobre los sindicatos de que 'gozamos' en España, y a muchos pequeños empresarios la idea que tienen de la utilidad de la organización empresarial. Y eso en tiempos de bonanza.

Ahora que están viniendo mal dadas, la ineficacia de unos y otros y su impericia para sacar castañas del fuego es como para pensárselo dos veces.

La sensación de que estamos ante unos sindicatos de épocas pasadas –pasadas del S.XIX como mínimo- con un lenguaje antiguo, con falta de ideas y sin recursos adecuados a los tiempos que vivimos, es difícil de descartar a la vista de sus actuaciones y de las declaraciones de sus dirigentes que parecen sacada de una gacetilla de la época de la revolución industrial.

Por la otra parte las ideas de los empresarios siempre presididas por el cortoplacismo y por el temor a la pérdida de sus ganancias, resultan, cuando menos, pasadas de moda.

Si seguimos con la cursilería de los 'agentes sociales' y patronal y sindicatos van a ser interlocutores de una posible reforma laboral, habrá que exigir a unos y a otros, generosidad aparte, una buena dosis de modernidad, de sentido común y sobre todo de sentido de la realidad.

Y si son cursis, al menos que sean eficaces.

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