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Tribuna libre

Por la boca…Mejor calladitos

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Seis hechos han enmarcado los acontecimientos que se están derivando de las relaciones con Marruecos. Hechos que, como tales no son opinables. Se han producido y además de forma concatenada.

Escalada de protestas marroquíes por reales o supuestos problemas en la frontera con Melilla. Petición de refuerzos por parte de quienes están responsabilizados del orden en la zona. Aumento significativo de la llegada de pateras. ‘Ninguneo’ de Rodríguez Zapatero al ser preguntado por posibles problemas. Entrevista del presidente del Gobierno con el Rey. Llamada de Don Juan Carlos al sultán marroquí para ‘que las cosas no vayan a más’.

Algunos piensan que se trata de una huída hacia adelante más, de Mohamed VI, siempre acuciado por problemas internos. Puede. Otros creen que el sultán quiere aprovechar la debilidad del gobierno de España para ganar posiciones. Quizás. Los peor pensados hablan de que al Partido Socialista, en estos momentos, lo que menos le conviene es un contencioso con el país vecino. Tal vez.

Lo cierto es que el Rey ha tenido que ‘dar la cara’, llamar a Marruecos e intentar calmar los ánimos. Dicen los diplomáticos que es algo inusual, porque lo normal es que sea Mohamed VI el que llame al Rey español. En cualquier caso la llamada se ha producido tras el despacho del Monarca con el jefe del Ejecutivo y después de que Rodríguez Zapatero negara, con una sonrisa despreocupada, cualquier incidente serio. Poco menos que lo trató de ‘bromillas’ sin importancia.

Una vez más la información es opaca y poco veraz. Algo está pasando en Melilla y si se piensa que es mejor cortar cuanto antes, es porque la situación no es tan jocosa como se ha querido hacer ver.

En cualquier caso las declaraciones de Rodríguez Zapatero han vuelto a ser nebulosas, inciertas y tratando de dar la vuelta a unos hechos que tampoco tienen por qué ser tan trascendentes como para no informar a los españoles.

Es la ambigüedad a la que el Gobierno nos tiene acostumbrados o a las rectificaciones constantes.

Ahí está la sarta de declaraciones –no hace muchas semanas- de Trinidad Jiménez negando su candidatura para Madrid y afirmando que el único candidato era Tomás Gómez.

Ahí está el ‘drástico recorte’ de José Blanco en la obra pública que en pocos días ya no es ni tan drástico ni tan recorte.

No parece que sea tan difícil tomar decisiones e informar claramente de ella y si hay que hacer alguna rectificación, tampoco es tan problemático explicar a los españoles que ha habido que rectificar o que se ha cambiado de criterio por las razones que sea y aquí paz y después gloria.

Cuando el Rey hace una gestión como la que ha hecho, es porque el presidente del Gobierno ha insinuado, al meno, esa posibilidad. Negar minutos después la evidencia ante los periodistas no sólo no conduce a nada sino que es contraproducente en todos los sentidos.

Hay problemas con Marruecos en la frontera de Melilla y eso, ni es nuevo ni es algo que deba de sorprender a la opinión pública. Es algo que suele suceder con una cierta periodicidad. Es normal y nuestra diplomacia por un lado y el ministerio del Interior por otro toman cartas en el asunto y el Rey, si se considera oportuno, media con el monarca marroquí. La situación se arregla, más o menos y hasta la próxima. Que seguro la habrá.

Lo que no es de recibo ni es lógico es que el presidente del Gobierno intente despistar, porque eso solamente conduce a especulaciones que, en estas situaciones, es lo que menos interesa a los españoles y, por supuesto, a España.

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