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Por la boca... Rajoy: corriendo bajo la lluvia

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O la economia del ciudadano de la calle no va tan bien como dice Mariano Rajoy o el PIB, por si solo, no sirve para ganar elecciones.

Un artículo de...

Félix Gallardo
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Mariano Rajoy sigue en sus trece y toda su gestión como presidente del Gobierno se reduce a la economía. No habla de otros asuntos y, si lo hace, es como de pasada, como si se tratara de un mal trago o de asuntos intrascendentes que no merecen la más mínima atención.

Su balance de fin de año no pudo ser más vacío de contenidos. Una vez más el crecimiento del PIB, los quinientos mil puestos de trabajo, la negociación en Cataluña siempre dentro de la Constitución y poco más. Sanidad, enseñanza, familia, reducción del gasto público, autonomías, ley electoral, demografía y tantos y tantos asuntos,  o no se mencionaron o se hizo en un tono menor.

Y el caso es que sus desvelos por la economía no le están dando a Rajoy los réditos esperados. Sus votantes (incluso admitiendo la atipicidad, en Cataluña, para el Partido Popular) disminuyen en cada sondeo o en cada jornada electoral. O la economía del ciudadano de la calle no va tan bien como dice el presidente o el PIB, por sí solo, no sirve para ganar elecciones.

Y es que eso de ser la economía que más crece en Europa está muy bien, pero ocurre que el bienestar económico de los españoles es bastante inferior al de la mayoría de los ciudadanos europeos.

 Se aumenta el salario mínimo -que normalmente pagarán los empresarios- y las pensiones -que saldrán del erario público- suben el 0,25%; se crean quinientos mil puestos de trabajo y los porcentajes de contratos de días, semanas o meses e incluso horas, alcanzan cifras desorbitadas;  los recortes en el gasto público no llegan nunca y la batalla de Montoro con autonomías y ayuntamientos resulta algo ridícula.

 La economía, electoralmente hablando, ahí están los resultados, da para poco por más que Mariano Rajoy se obstine en hacer de ella su mascarón de proa.

Política, lo que se dice política, se hace poca. Y, mientras Moragas se pierde en los pasillos de la ONU; Arriola no da señales de vida (que se sepa); Saénz de Santamaría naufraga en la Barceloneta a bordo del 155; Cospedal -en su lugar descanso- esperando un hipotético desfile de cadáveres por delante de su puerta; Zoido, en Interior tragando algo más que menús intragables y ministros agotados de no aparecer, Rajoy –muy gallego él- razona que no hay cambios en el Gobierno porque todos los ministros lo hacen muy bien.

La autocrítica, de la que tanto hablan algunos políticos, puede llegar a ser algo tonto, pero de ahí a ser el hombre que todo lo hace bien, va un abismo.

Correr bajo la lluvia de la economía -lluvia que al parecer solamente moja a unos cuantos- puede ser saludable. Pero, además de que el running normalmente no lleva a ninguna parte, el runner, no suele llegar a un sitio concreto.

Y además Gene Kelly, al menos, tenía una farola a la que subirse.


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