Martes 21/11/2017. Actualizado 08:48h

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Tribuna libre

Por la boca…Zapatero, el hombre del futuro.

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Desde la primera legislatura, el presidente del Gobierno ha sido el hombre del ‘haremos’, del ‘vamos a hacer’ , nunca del hemos hecho o del estamos haciendo.

Una vez más, y van…ni se sabe, Rodriguez Zapatero ha jugado al ‘largo me lo fiáis’. Se ha reunido con los principales empresarios para decirlos lo que va a hacer. Es decir siempre en futuro.

Desde la primera legislatura el presidente del Gobierno ha sido el hombre del ‘haremos’, del ‘vamos a hacer’, nunca el de hemos hecho o estamos haciendo ahora y aquí.

Y sigue igual. En circunstancias como las actuales en las que todo el mundo está pidiendo acciones inmediatas, él vuelve a dar largas y a decir lo que va a hacer. Ni concreta acciones ni específica tiempos. Todo queda en una especie de nebulosa que genera cada vez más desconfianza.

Los analistas no saben a qué atenerse. Habla del después con un desparpajo que asusta y se refiere al futuro con un desahogo que mete miedo.

Para él no existe la urgencia y para todo se toma su tiempo, tiempo que ni señala ni se molesta en fijar. Plazos que no existen para acciones que nunca van a producirse. Y cuando alguien –concretamente Europa- está demandando acciones inmediatas en el terreno de la economía y de eso que se llaman reformas estructurales, él tira de gramática y conjuga los verbos en futuro.

Ya va siendo hora de que desde La Moncloa se ofrezcan soluciones que no pasen por las buenas (¿) intenciones de algo que se pretende pero que nunca llega a hacerse realidad. Un político, por ‘flojito’ que sea, tiene que saber medir los tiempos y discernir las oportunidades. Pero sobre todo debe enterarse de cuando las oportunidades se le van pasando como trenes que nunca aprovecha.

El problema, una vez más, es que las oportunidades que él pierde las perdemos todos. No seremos Irlanda, pero ni siquiera somos capaces de tomar las decisiones que ha tomado Irlanda, dramáticas pero decisiones al fin y al cabo. El problema de España no estriba en que haya que tomar decisiones de mayor o menor gravedad, el problema es que el presidente del Gobierno nunca ve el momento oportuno para tomarlas.

La reunión de la pasada semana se podría calificar de más de lo mismo pero con dos salvedades: una la categoría y la trascendencia de quienes estaban allí y la otra que, lo quiera o no Rodríguez Zapatero, el tiempo se está acabando y ya no le queda margen para seguir dando largas a los asuntos

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