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Tribuna libre

¿A la búlgara, en el PP de Madrid?

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La palabra destitución es dura, pero es la empleada por Esperanza Aguirre para anunciar la marcha de Francisco Granados. Ella sabrá el motivo de no haber usado el diccionario de sinónimos.

Que algo pasa, pasaba o estaba pasando en el Partido Popular de Madrid, es algo de todos sabido. Otra cosa es que, de cara a las elecciones generales, todos pusieran buena cara y hasta que Esperanza Aguirre saliera al balcón de Génova y ,más o menos, saltara a petición de los que enarbolaban su alegría en la triunfal noche electoral.

Es posible que, como ha dicho la presidenta, el nombramiento de Ignacio González no fuera a la búlgara y que hasta hubiera abstenciones de gentes cercanas a Aguirre, pero lo que ya es más dudoso es si el cese de Francisco Granados, sobre todo las formas, no fue a la búlgara.

Se especula mucho sobre las causas. La enemistad entre González y Granados viene, casi casi, desde que ambos nacieron a la política autonómica de la mano de Aguirre. Ellos sabrán por qué. Se acrecentó ya sin posible retorno cuando los turbios manejos de los supuestos ‘espionajes’, se hizo patente hace pocos meses con el cese de Granados como consejero y ha culminado con su destitución fulminante.

La palabra destitución es dura y lleva connotaciones no siempre agradables para el destituido porque da pie a todo tipo de sospechas. Pero es la palabra que, al parecer, empleó Esperanza Aguirre: ‘Paco he decidido destituirte’. Seguro que a Aguirre se le ocurrieron otros muchos sinónimos, pero empleó el más duro ¿Por qué?

Después vienen las explicaciones de unos y de otros. Según González es gracias a él que Granados llegó a donde llegó; según la presidenta es una cuestión de pérdida de confianza -lo que hace aún más dura la destitución- y en versión del cesado no puede estar más feliz con su marcha

Hay especulaciones nada convincentes. Unos hablan de golpe de autoridad de Aguirre de cara al futuro. Otros de maniobras de Granados a espaldas de la presidenta para situarse en los aledaños del futuro Gobierno de Mariano Rajoy y hasta hay quienes quieren ver en todo esto, la sombra de Gallardón y su posible marcha del Ayuntamiento madrileño.

Todo es posible pero nada es bueno para el Partido Popular, por mucho que la euforia quiera enmascarar lo que está a la vista de todos. Ni Aguirre y Rajoy son uña y carne, ni Gallardón va a dejar a Aguirre ‘meter mano’ en su sucesión, ni Rajoy sonreirá ante lo que ha ocurrido en Madrid.

Lo que es seguro es que ninguno de los protagonistas va a quedarse callado en las próximas semanas o en los próximos meses y que saldrán a la luz cosas y declaraciones que nadie, en Génova, quisiera oír.

Todo va a depender de la autonomía de Esperanza Aguirre respecto a Rajoy y de la fuerza del puñetazo que la presidenta ha dado sobre la mesa.

El problema está en saber sobre qué mesa lo ha dado.

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