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“El buscavidas”: su soberbia no le permite hacer caso a su debilidad

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“Para ser en blanco y negro está genial”, así comentaban varios jóvenes al acabar de ver con los mayores de la familia la película “El buscavidas”. Pero no es para niños.

“Para ser en blanco y negro está genial”, así comentaban varios jóvenes al acabar de ver con los mayores de la familia la película “El buscavidas”. Pero no es para niños. Es película de miradas y de sombras, de coraje y de fracasos, de juego sucio y de lucha por la propia dignidad.

Ya nos va bien apoyarnos en el cine para motivar la reflexión en la gente joven, y por supuesto en nosotros mismos. Lo audiovisual, si es de nivel, engancha siempre, incluso siendo en blanco y negro como en esta ocasión en la que Robert Rossen describe-dibuja-reconstruye los bajos fondos como pocos, en Estados Unidos, en los años treinta.

Aparecen situaciones de enfrentamiento y provocación, condición humana, trasladables desde esos “campos de Monipodio”, donde delincuentes y mafiosos campan a sus anchas, a una sociedad actual donde con frecuencia el bombardeo del todo vale intenta arrasar la sensibilidad y honradez de muchos jóvenes, y no tan jóvenes.

 Sí, qué oportuno hablar de la prepotencia y altanería iniciales - “¿Cuánto voy a ganar esta noche? ¿Quién va a vencerme?”- que muestra el protagonista, Eddie, un jugador profesional de billar magistralmente interpretado por Paul Newman. Eddie está obsesionado en ser aclamado como el mejor, por ello busca al legendario “Gordo de Minnesota” para vencerle, pero su imprudencia y su adicción al alcohol representan un grave obstáculo.

En fulgurantes contraluces interpretativos que remueven a jóvenes y adultos, aparecen conceptos como amistad, autoestima, familia, honradez, compasión, corrupción, perdón, avaricia, pundonor… Chicos y chicas jóvenes es recomendable que la vean con sus padres pues es una ocasión para dar criterio, para trasladar, comparando con lo cotidiano, esas situaciones difíciles, para profundizar en temas que les puedan interesar a ellos.

Eddie, el buscavidas protagonista de la película, tiene algo que podría definir en parte a la sociedad de nuestro jovencísimo siglo XXI: su soberbia no le permite hacer caso a su debilidad. Que cada uno nos lo apliquemos según nuestras circunstancias personales. ¿No les parece que es una muestra de gran inmadurez, cuando no de ignorancia, que tantas veces necesitemos un dramático estímulo para reaccionar frente a una vida alocada? Algo de idealismo-sencillez hemos de conseguir, un sentido más elevado que el mero triunfar, que a menudo se entiende como estar por encima de los demás. Reconozco que tal vez existan personas que prefieran la barbarie del colmillo y la garra, pero considero que no debería ser esa la idea que nos mueva a actuar, aunque tampoco hemos de ser incautos.

Por otra parte, estoy de acuerdo en algo que dice un buen amigo, los “palos” que nos llevamos en la vida no se escriben, se escrituran. Pero mayores y jovencillos tenemos, hemos de tener, capacidad de maniobra, de rectificación, de ver la realidad sin interferencias. Precisamente, pienso que disfrazar la realidad constituye una terrible manera de ser insensible a los problemas del mundo y de uno mismo.

Como en el caso de la conciencia que ayuda finalmente a nuestro “buscavidas”, la democracia funciona si funciona la conciencia de la gente, y esta conciencia enmudece si no está orientada conforme a valores éticos fundamentales, previos a cualquier determinación, válidos y universales para todos, que tengan la fuerza de la razón, equilibrando verdad y libertad. ¡Es patético ver tanta ética de quita y pon!

Sí, Eddie va a ser capaz de volver atrás, aunque para que reaccione ha de sufrir el mayor dolor que es perder a la mujer que le quería de veras, para la que él sí importaba como persona, a pesar de sus debilidades, y a la que también él necesitaba cuidar.

Es claro que la búsqueda de la felicidad es el tema principal de la cinta. Y por eso presenta el reto de superar, a base de lucha e integridad, lo trágico que a menudo puede tener la vida.

En fin, película muy recomendable. Como decían los más jóvenes del grupo: “para ser en blanco y negro está genial”. Ya les iré contando cómo reaccionan durante este año al ver “Ciudadano Kane”, de Orson Welles; “Ordet” (La palabra), de C.T.Dreyer; o “Dersu Uzala”, de Akira Kurosawa. 

 

O, mientras tanto, también pueden probar ustedes con esas u otras “clásicas”, tales como: “El árbol de los zuecos”, de Ermanno Olmi; “Doctor Zhivago”, de David Lean, “Yo confieso”, de Alfred Hitchcock; “El hombre tranquilo”, de John Ford; “El espíritu de la colmena” de Víctor Erice; o “Gandhi”, de Richard Attenborough.

Pues, ea, siempre bien acompañados, a disfrutar del buen cine también en verano

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