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No está claro el cambio de ciclo político en Gran Bretaña

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Termina una de las campañas electorales más contradictorias de los últimos tiempos en un país europeo, quizá porque se ha desdibujado la identidad de los dos partidos clásicos, demasiado proclives hoy a fiarse más de encuestas que de principios.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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Si, por simplificar, la City financia la campaña de los conservadores, David Cameron introduce un serio factor de inestabilidad con su propuesta de referéndum sobre la continuidad o no del Reino en la Unión Europea; todo indica que pretende sólo desactivar a posibles votantes al antieuropeo UKIP  Partido de la Independencia del Reino Unido. Por su parte, el líder laborista Ed Miliband, no ha dejado de tirar los tejos a los grandes empresarios, con el reconocimiento de su aportación esencial al bienestar de los ciudadanos, para mantener y mejorar el bienestar social.

Hoy por hoy, los resultados de los sondeos independientes reflejan esas contradicciones. Según una encuesta Ipsos-Mori para Evening Standard, los conservadores preceden a los laboristas, con 35 y 30% de estimaciones de voto. En cambio, Panelbase da dos puntos de ventaja a Miliband sobre Cameron: 34% frente a 32%. En todo caso, muestran la fuerza permanente de los dos grandes partidos, aunque ninguno podría alcanzar mayoría absoluta. Necesitaría el apoyo de euroescépticos o liberales, aunque éstos, liderados por Nick Clegg, actual aliado de David Cameron –profundamente proeuropeo , sufren una tendencia decreciente, en favor de UKIP, que llega al 17% de intenciones de voto en una de las encuestas.

De otra parte, está la influencia que pueda tener en la constitución del futuro gobierno la izquierda escocesa del SNP  Partido Nacional Escocés , paradójicamente reforzada tras el referéndum independista del pasado septiembre. O el DUP unionista de Irlanda del norte.

Miliband descartó inicialmente ser primer ministro con el apoyo escocés. Pero su líder, Nicola Sturgeon, insiste en que “Escocia nunca perdonaría al Labour que por no asociarse con nosotros sea capaz de permitir otros cinco años de gobierno conservador, de más austeridad y más recortes, de destrucción del Estado de bienestar para hacer más ricos a los ya millonarios. Reiteramos nuestra oferta de una gran coalición progresista, formal o informal, para acabar con el mandato de Cameron". La duda es si renunciaría o no a pedir un nuevo referéndum independista, con el consiguiente coste político.

Referéndum por referéndum, David Cameron promete que, si se renueva su mandato, llevará a cabo en 2017 una consulta popular sobre la conveniencia o no de continuar en la UE. Y las encuestas muestran que tres cuartas partes de los ciudadanos lo aprueban, aunque no tengan decidido aún su voto a favor o en contra.

El llamado “Brexit” es mucho más inquietante para Europa que el “Grexit”. Probablemente Cameron no busca la ruptura, sino obtener mejores condiciones aún, a pesar de no estar en el euro ni en el espacio Schengen: disminución de gastos comunitarios, mayor libertad británica en asuntos comunes, etc. La realidad es que hay muchos más ciudadanos británicos que viven en Francia y en España que europeos establecidos en el Reino Unido. Y UKP exagera la inmigración de trabajadores de la Europa oriental, en línea de la vieja campaña francesa del “fontanero polaco”.

En ese contexto, gana importancia la postura del SNP, a la vez que introduce nuevas contradicciones: la mayoría de las escoceses quieren autonomía, independencia, pero dentro de la Unión Europea (como contratuerca de su libertad).

Desde luego, no parecen fundadas las opiniones de quienes anuncian un cambio de ciclo político en el Reino Unido. Puede producirse una alternancia en el poder, pero no el seísmo que significaría la irrupción de nuevos partidos –como en Italia o Grecia , o el avance de la extrema derecha en Francia.

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